Don Justo Arosemena solía decir que sin seguridad la libertad es un mito. Una sociedad sin seguridad vive atemorizada . Uno de los objetivos de la Segunda Guerra Mundial era lograr que los pueblos vivieran sin temor. El nazi fascismo engendró el temor y durante su imperio se careció de libertad. Cuando Juan Pablo II dijo a los polacos "No tengáis miedo", en el fondo fue un llamado a la libertad.
En la realidad panameña la falta de seguridad social afecta la libertad y podía convertirse en una amenaza a la soberanía. La amenaza a la soberanía emerge del texto de la Enmienda De Concini, inserta en el vigente Tratado de Neutralidad. Por dicha Enmienda Estados Unidos tiene "el derecho de actuar contra cualquier agresión o amenaza dirigida contra el Canal o contra el tránsito pacífico de naves por el Canal". Esta presencia contractual nos obliga a ser cautelosos y, sobre todo, precavidos. La cautela exige una diplomacia sobria y una política exterior manejada siempre por versados en sus disciplinas. Sobriedad y versación como exigencia porque la Enmienda De Concini por subjetiva no tipifica los elementos o presupuestos objetivos de la "agresión o amenaza". Lo que para Estados Unidos es una amenaza no lo es necesariamente para Panamá.
En estos días, por ejemplo, un presunto autor del criminal atentado contra las Torres Gemelas de New York "confesó" que el Canal de Panamá era un objetivo del terrorismo mundial. Posteriormente se indicó que tal confesión se dio luego de aplicarse al imputado severas torturas. Este episodio, sin embargo, es gravísimo, porque la inseguridad social y la psicosis terrorista puede enturbiar las apreciaciones y dar por sentado que existe una seria amenaza contra el Canal... En nuestro medio se tiene como política afirmar que el Canal materialmente es indefendible y que su mejor defensa descansa en su neutralidad.
Seguramente en el ámbito de la alta administración del Estado estos problemas son considerados. A lo mejor se ha hablado sobre el futuro de la base militar de USA ubicada en Ecuador y sobre la nueva localización. Pero como se desconoce el contenido de los diálogos entre mandatarios o cancilleres, la línea oficial de aquel país sobre este tema, por ignorarla, es simple materia de especulación. Un análisis de lo que viene ocurriendo da pábulo para pensar que se quiere colmar la copa de hechos que podrían ameritar, a juicio de Estados Unidos, la presencia intervencionista de De Concini. Se abunda en esta observación si se recuerda que recientemente el Gobierno de Estados Unidos señaló a Panamá como beneficiario de cuantioso lavado de dinero. Si los lavadores de dinero con sus cómplices bancarios han atrapado a Panamá, la inseguridad toma un giro de difícil control por las autoridades locales. Esta acusación tiene un doble efecto. Uno, preparar al mundo exterior para recibir con simpatía toda política norteamericana contra las mafias de alto vuelo que operan en Panamá y que podrían tener incidencias en la seguridad del Canal; otra, que el Gobierno de Panamá tolera la existencia de esta clase de delincuencia.
Se trata de una acusación que reclama un enjuiciamiento profundo del Gobierno nacional para aclararla . Yo diría que debe hacerlo siguiendo el modelo de una carta publicada en La Prensa, suscrita por el abogado Eduardo Morgan, carta-replica de gran dignidad que seguramente causó sonrojo a los funcionarios de Estados Unidos que redactaron el informe acusatorio.
No basta con tener el Canal como objetivo terrorista y el lavado de dinero como causa del desarrollo inmobiliario del país, ahora la ministra de la Vivienda ofrece una imagen adicional al señalar que la "narcomafia se tomó el país".
Es una trilogía de curiosas coincidencias que alimenta la tesis de la inseguridad y que coloca al país en una posición frágil para defender la soberanía nacional ante cualquier arrebato intervencionista.
No debe olvidarse que la invasión de 1989 la justificó Estados Unidos en su percepción de que la narcomafia había invadido el istmo lo que constituía una amenaza a la seguridad del Canal y por ello la fundamentó en la Enmienda De Concini.
Sólo los incautos no advierten los efectos hasta extraterritoriales de la Enmienda De Concini. El politólogo Juan Takatlian en su obra Globalización, Narcotráfico y Violencia sostiene que la Enmienda de De Concini "es el instrumento más letal que posee Estados Unidos para intervenir militarmente en los asuntos internos de Colombia". El publicista fundamenta sus argumentos novedosos en acciones y omisiones que hipotéticamente se podrían dar en la convulsionada Colombia.
Ante tanta maraña, más dolosa que inocente, urge una gestión patriótica que logre eliminar las presunciones, imágenes y medias verdades que pretenden colocar a Panamá como protagonista en el mundo de la delincuencia mafiosa. Se impone diferenciar el crimen organizado mafioso y foráneo del crimen social pandillero. Urge una política inmigratoria fuerte y fiscalizadora sin contemplaciones ni privilegios y un colosal movimiento contra la pobreza, el desempleo y las desigualdades para prevenir las maldades humanas. De modo paralelo se deben aplicar políticas represivas, ejemplares, debidamente divulgadas para aplacar tantos crímenes salvajes. Además, ningún discurso puede darse imprudentemente, olvidando la espada de Damocles de De Concini.
El Estado no puede ignorar nunca que la lucha por la seguridad social nos lleva a la libertad y a la plenitud soberana. Es nuestra realidad y nuestro deber.
