Dice el escritor español Rafael Narbona en El coleccionista de asombros que, “pensar puede destruir nuestras certezas y desarraigar nuestra fe, pero siempre nos permitirá un nuevo comienzo. En cambio, no pensar por miedo a la duda y el desencanto, siempre nos llevará a esa minoría de edad donde crece y prospera la dominación totalitaria”.
Panamá se abre a un periodo larguísimo de pre campaña para 2024, lo que nos augura un desgaste mayor de las instituciones. Porque esta moda de no pensar en lo que nos están haciendo ahora, para soñar un mañana que tampoco nos va a solucionar nada, amenaza con destruir lo poco que queda de nuestra democracia.
No pensar por miedo, por no desencantarse, nos está llevando a un infantilismo democrático que terminará cediendo a los totalitarismos populistas, a buscar opciones tan funestas como las que nos indica la encuesta de intención de voto que comentamos en un anterior artículo. El miedo a pensar nos está llevando al despeñadero más rápido de lo que creemos.
Pensar es el único recurso que nos queda para poder pasar a una acción efectiva. Nos están borrando con ahínco las conexiones con la necesaria reflexión y la verdadera protesta con tanto ruido de fondo, con tantas cortinas de humo, con la única intención de que nos desenfoquemos de lo verdaderamente importante en este momento: salvar nuestra democracia.
El desgaste del alma ciudadana está despertando al monstruo del populismo dictatorial: ya hay quienes sueñan en voz alta con el retorno de generales o caudillos que paren esta vaina a precio de nuestras libertades y conciencias. Y también están los que esperan acceder al poder para seguir construyendo un mejor sistema para el “juega vivo” y la corrupción.
Los que no piensan están condenados a ser pensados por los que conscientemente, poco a poco, se están convirtiendo en sus dueños mientras, más pendejo uno, está preocupado por saber si habrá o no carnavales.
El autor es escritor
