La diversidad de perros existentes nos marcan pautas claras de diversos orígenes. Con o sin raza, todos tienen como común denominador indiscutiblemente al lobo, pero la selección del hombre, regiones climáticas y utilidad los han hecho física y mentalmente diferentes entre sí.
El samoyedo pertenece a los denominados perros nórdicos y lo podemos agrupar con los llamados spitz y primitivos, dentro de este grupo se encuentran también el husky siberiano, el chow chow, el pomerania, alaskan malamute y otros.
Antiguas tribus europeas que habitan Siberia en la época de los zares fueron las responsables de la creación de esta raza, que tenía como fin, además de un resistente perro de tiro, un amplio espectro de tareas a desarrollar como auxiliar del hombre, ya sea en la cacería, protección de rebaños, pastoreo, guardia e incluso como fuente de calor debido a su doble manto de pelo.
Esta raza comienza a tomar trascendencia cuando es llevada a Inglaterra alrededor de 1890 y posteriormente a Estados Unidos, donde a pesar de las fluctuaciones indiscutibles de la moda mantiene su gran cantidad de adeptos.
Su carácter es agradable y amistoso, aunque un poco hiperactivo.
Como la mayoría de los perros de este grupo, no es nada fácil de adiestrar, aunque con paciencia, motivación y sin forzarlos se pueden lograr buenos resultados.
Son animales creados para vivir en jaurías, lo que los hace bastante demandantes y dependientes de la compañía humana.
Su altura a la cruz oscila entre los 53 centímetros en las hembras y 57 en los machos. Su color es el blanco puro, crema o blanco con color bizcocho. A pesar de su profuso manto de pelo, no requiere de especiales cuidados y bastará con un consciente peinado regular, para mantenerlo en forma.
