FOTOS: VICTOR AROSEMENA TEXTO: CYNTHIA SANCHEZ planas@prensa.com
Las pinturas de manifestaciones folclóricas que realiza el artista panameño Edwin González Miranda, de 59 años, buscan resaltar nuestro folclor ante la influencia del modernismo que nos invade, para así impedir que desaparezcan tesoros como la pollera, los diablicos sucios y los enseres diarios.
Biólogo de profesión, pintor por afición, estima que el centenario es el espacio acertado para el acopio de una serie de tradiciones escritas, narrativas, musicales, poéticas y pictóricas, que representan una especie de cofre que guarda todas las vivencias que experimentaron nuestros padres y abuelos.
Lamentablemente dijo González Miranda muchas de esas experiencias, vestidos, cuentos, tradiciones, leyendas, música y bailes se están perdiendo ante el mal entendido modernismo, que nos llega de otros países, y la indiferencia de nosotros, los panameños, que no nos percatamos de que esa es la sangre que nutre nuestra propia cultura.
Por ello, sin esa sangre estamos destinados a desaparecer como pueblo, recalca.
La pollera que pinta tiene una peculiaridad. Se distancia un poco de la forma como se aderezan las polleras en Las Tablas y Los Santos, que son de mucho más lujo y vuelo.
Los bodegones, a su vez, recogen una cantidad de artefactos a los que el hombre de campo no le presta la mayor importancia y que por el uso diario se van desgastando.
Para Edwin, al reunir todos estos artículos en su composición busca comunicar la belleza que esconden artículos como la tula, la totuma, el motete, el garabato, el sombrero blanco o pintado y la montura de cabalgar.
Reconocidos artistas y folcloristas como José María Núñez (q.e.p.d.), Rubén Villalaz, Edgardo De León M., Dora P. de Zárate (q.e.p.d.) y el diplomático y periodista Umberto Calamari, han expresado valiosos comentarios, tanto de su técnica como de su pasión creadora por reflejar las cosas más humildes de nuestro campesino.