Populismo

Politizando la pandemia...

Yo no sé cuál sea la causa, pero esto de la pandemia y el confinamiento debe ser la razón por la que parece que el mundo se está volviendo completamente loco.

Ya hemos dedicado algunas teclas a los conspiracionistas, que siguen argumentando a los cuatro vientos que existe una “plandemia” y que la Covid-19 es una patraña montada por el “nuevo orden mundial” para apoderarse del mundo y controlar a la humanidad. De veras que toda esta imaginación, debían utilizarla para algo útil, así fuera para diseñar villanos para las películas de James Bond. Al final, siempre son gente rara que aspira apoderarse del mundo.

Pero una de las cosas que más daño está haciendo, es el desastre que significa la perversa gestión que han hecho de la pandemia, un montón de gobernantes populistas irresponsables, que se han dedicado a esconder datos, mentir y hacer literalmente lo que les da la gana, ignorando lo que muestren los indicadores epidemiológicos, y la evidencia científica.

En América, hay tres ejemplos tremendamente gráficos. México, Brasil y Estados Unidos son los tres países con mayor cantidad de casos y defunciones. ¿Qué tienen en común? Están gobernados por tres perfectos payasos que no tienen la menor idea de cómo manejar el problema. Solamente buscan decir lo que saben que su base política quiere escuchar, al margen de las consecuencias que pueda traer. Además, en estos casos, cuando el enemigo no es ideológico, sino biológico, da lo mismo que sean de derechas, de izquierdas o de centro. Finalmente, el problema es que sean idiotas.

López Obrador le restaba importancia a la pandemia, diciendo que la clave para no infectarse era “no mentir” y andar con estampitas de la Virgen de Guadalupe. Ahora, se enfrenta a una realidad que sin ser un genio de la epidemiología era predecible. Al momento de escribir esto, tiene 324 mil casos y 37 mil muertos, con la letalidad más alta del continente americano.

Bolsonaro hablaba de un “resfriadiño” sin importancia. Es el segundo país del mundo con más casos (más de dos millones) y 76,000 muertos. Incluso, él está infectado pero, como el mundo es así de injusto, seguramente lo superará sin mayores problemas. Ha estado tragando hidroxicloroquina como si fueran pastillas Valda, y sigue tratando de restar importancia a los números que son cada vez peores.

Pero lo más terrible de todo, es lo que estamos viendo en Estados Unidos. El cuadrúpedo anaranjado ese que los gobierna, y el ejército de protozoarios cerebrales que lo rodean, no tiene la menor idea de qué hacer. Obviamente, siendo Estados Unidos un país que hasta hace poco muchos veían como guía para la toma de decisiones responsables, se vuelve terriblemente contraproducente, pues su respuesta a la emergencia sanitaria no ayuda mucho.

Trump ha estado contradiciéndose desde febrero, cada vez que se para frente a un micrófono. Ha decidido unilateralmente apoyar medicamentos, dio a entender que había que tomar desinfectante e inyectarse luz ultravioleta y contradice recomendaciones de expertos en infectología y epidemiología, para acomodar todo a lo que considera le trae beneficio político.

Es evidente que lo único que le importa, son las elecciones de noviembre. De allí, que insiste en no usar mascarillas para tratar de restarle importancia a la pandemia (al margen que a ese papel de sietemachos que no le tiene miedo ni a la Covid seguro lo hace sentir importante), quiere hacer menos pruebas para que no suba el número de casos y persiste en su idea de abrir el país a la actividad económica, sin importar el costo en vidas.

Pero, en la última semana, en su desesperación por tratar de hacer ver que “se ha hecho muy bien”, ha dado algunos de los rebuznos más sonados de esta historia. Por un lado, sus protozoarios contradicen al doctor Fauci, quien es percibido como una de las personas más responsables en todo esto. Además, insiste en que se abran las escuelas, al punto que la secretaria de comunicación de la Casa Blanca (que es como la niña símbolo de los “blonde jokes”) dijo una frase que pasará a la historia: “No se puede permitir que la ciencia se interponga en la apertura de las escuelas”. Y, para terminar, ordenó una de las cosas más tercermundistas que se nos puedan ocurrir: hacer que la información sobre los casos y las muertes se procesen a través de la Casa Blanca, y no el CDC. Eso uno lo hubiese esperado de Bolsonaro, Duterte, Ortega, Maduro o Bukele, pero no del presidente de Estados Unidos.

El caso es que esta banda de burros ha convertido una pandemia, que lleva más de 600 mil muertos y catorce millones de enfermos, en un asunto político. Y encima, sus seguidores suelen aceptar lo que dicen, con una veneración casi religiosa.

De veras que pobre mundo nuestro…

El autor es cardiólogo

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