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Iniciativa ciudadana

Por qué Panamá necesita un servicio nacional de voluntariado

Si algo nos ha demostrado la pandemia por COVID-19 es que el voluntariado es un recurso indispensable en momentos de emergencia. Miles de personas en estos seis meses han donado desinteresadamente su tiempo a la respuesta en múltiples ámbitos. En muchos casos, los voluntarios son la primera fuerza que es posible accionar ante circunstancias adversas.

De forma individual en su propia comunidad, o a través de los esfuerzos dirigidos por organizaciones sociales o el Gobierno, los voluntarios en Panamá han empacado y distribuido alimentos e insumos de higiene, ayudado a sus vecinos, donado sangre y plasma, ofrecido apoyo psicológico, servido como tutores y difundido mensajes de prevención. También han donado recursos económicos a las iniciativas de respuesta a la emergencia, y a otras múltiples causas.

Los ejemplos de movilización ciudadana en el contexto de la crisis actual evidencian el potencial que existe para que Panamá impulse el voluntariado como herramienta para el desarrollo e integración nacional. Momentos en que el país define las estrategias de recuperación económica y social post pandemia, el voluntariado puede y debe jugar un papel central.

Una de estas estrategias al alcance de la mano es la creación de una alianza público-privada para establecer en el país un servicio nacional de voluntariado que permita a jóvenes profesionales contribuir con su conocimiento, habilidades y talentos a la solución de los desafíos económicos y sociales de las áreas más vulnerables del país.

La estrategia consiste en movilizar a jóvenes profesionales hacia los corregimientos con mayores índices de pobreza multidimensional en el país para que, de la mano de las autoridades locales, instituciones públicas y la comunidad, diseñen e implementen proyectos orientados a cerrar las brechas en el acceso a servicios sociales (salud, nutrición, educación, desarrollo infantil) o a impulsar el desarrollo local con apoyo técnico a proyectos de turismo rural, agricultura, artesanía, entre otros.

Ejemplos en nuestro hemisferio abundan. En Estados Unidos, programas como Americorp o City Year insertan a jóvenes voluntarios en las escuelas públicas para mejorar la calidad de la educación, o en proyectos de desarrollo comunitario, y en países vecinos como Colombia (Jóvenes en Acción), Chile (Servicio País y América Solidaria) y Paraguay (Arovia) ya se cuenta con programas de voluntariado juvenil a gran escala.

Las ventajas son claras. En primer lugar, el país suma aliados y estrategias innovadoras a la lucha contra la pobreza en la que hoy vive el 20,7% de la población, y que aumentará ante el efecto de la emergencia nacional. Al movilizar a jóvenes profesionales hacia comunidades aisladas con alta incidencia de pobreza para acompañar el diseño y ejecución de proyectos educativos, de salud, emprendimiento y generación de ingresos se puede contribuir a la recuperación económica y social en los territorios. Las acciones del Gobierno, organizaciones no gubernamentales y las propias comunidades en el territorio pueden verse potenciadas por voluntarios que promuevan la colaboración, sinergias, y trabajo en conjunto.

En segundo lugar, un servicio nacional de voluntariado apoya la empleabilidad juvenil. La tasa de desempleo juvenil (15 a 29 años) en Panamá es de 15%, más que el doble del nivel nacional. El voluntariado en esta etapa de la vida puede favorecer la empleabilidad. Según un estudio de la Corporación de Servicio Voluntario en Estados Unidos los individuos sin empleo que practicaban el voluntariado tenían 27% mayor probabilidad de encontrar empleo al final del año en comparación con quienes no practicaron el voluntariado. Además, es una oportunidad para que los jóvenes desarrollen habilidades blandas como la empatía, comunicación, liderazgo y trabajo en equipo, críticas para su desempeño en el mercado laboral.

Una tercera ventaja es que el voluntariado fortalece la comunidad cívica, aquella en que los ciudadanos tienen mayor consciencia de problemáticas que los aquejan, y son capaces de unirse para resolver retos comunes, participando activamente en asociaciones locales. Al tejer lazos de confianza entre personas y grupos diversos, y reforzar los valores de la cooperación, el voluntariado contribuye a la acumulación de capital social. Politólogos como Robert Putnam han demostrado que el capital social es un poderoso predictor de la capacidad resolutiva de las instituciones del Estado y del desarrollo socioeconómico. Es decir que, entre más fuerte es la cultura cívica, más efectivas son las instituciones y más prósperas las sociedades.

Momentos en que Panamá más lo necesita, un servicio nacional de voluntariado contribuiría a integrar al país en torno la resolución de desafíos económicos y sociales para los cuales se requiere el involucramiento de todos. Mas importante aún, unir al país en torno a un objetivo común: recuperar Panamá.

La autora es directora de la Fundación Voluntarios de Panamá y miembro de la Cámara Panameña de Desarrollo Social


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