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Folclore

Postrero adiós, Pille Collado

Con Eleuterio Pille Collado no solo muere un fragmento de la décima, el arte, el folclore y la cultura; muere con él un canto que recorrió los caminos campesinos, que enalteció los senderos, las montañas, los ríos, la sierra, los valles, las selvas y, sobre todo, a la gente sencilla de la patria; con Pille Collado muere una voz que llenó los océanos que une el Canal y acarició el maizal y los llanos verdes; muere el guerrero de cutarra y sombrero que con sus versos enfrentó al asesino que usurpó la nación. Muere un hombre que vivió con dignidad y gran nobleza.

Pero la muerte de Pille Collado también debe servirnos para recuperar las ganas de seguir resistiendo al olvido, a la indiferencia, a la mediocridad, a las falsas posturas, al oportunismo, al facilismo y la servidumbre. Porque este país ya no aguanta más mentiras, más saqueos, más impunidad. Pille Collado en cada décima nos regalaba un puñado de experiencia para reconocer el valor de la cultura, la educación y la sabiduría popular.

Con Pille Collado queda el recuerdo de la cicatriz que aún siguen con rabia golpeando los que en este país solo viven para saquear sus riquezas y condenar a los más humildes al olvido. Pero también con Pille Collado queda el sabor del tamarindo, a bien me sabe y bocadillos, a torrejitas y guarapo, al dulce de la luna y el brillo de la aurora. El sabor de los sueños esculpidos con arte.

Su saloma era un cincel que tallaba consignas que limpiaban como el trillo la maleza que ensucia la tierra. Su palabra era como un caracol, una concha, una cuenca que iba cabalgando la sierra, arriando el ganado, tensando la flecha, pilando los sueños; era una plegaria campesina, obrera, un pez ancestral, un latido del istmo, un jobo, caricia de nance. Yo lloré con Pille Collado escribiendo una historia.

Cuando sonaba la mejorana y Pille Collado cantaba, era como si el viento fuera cortado por una lanza de marfil, como una punta de flecha mítica de fuerza vital; la resonancia de su saloma era como una daga que desgarraba la lejanía y las estrellas. Es imposible escucharlo sin que se quebrante de luto el alma; voz de artesano que enfrento al tirano que otrora ofendió el emblema nacional.

La historia patrimonial oral y cultural de la nación está ahora huérfana del canto de un hombre que llenó de gloria a este país, pero que con tristeza nunca fue reconocido como se lo merecía. Creo que nadie debería de privarse de escuchar las décimas de Pille Collado. Hay en ellas una profunda riqueza espiritual que lleva los colores de la bandera y una honda nostalgia que nos ayuda a entender lo que es el ser panameño y el sentido de identidad. Gracias, Pille Collado, por la poesía que aún me hace llorar.

El autor es encargado de la Oficina de Promoción de Lectura del Ministerio de Cultura


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