Todos los panameños -sin importar su postura política, partidaria o posición independiente- como sociedad civil deseamos con intensa emoción patriótica que nuestro gobierno tenga éxito y que nuestro país sea ejemplo positivo internacionalmente. Como lo es el Canal, las zonas libres, el Metro, el Aeropuerto Internacional, el salario mínimo, el centro bancario y la paz en nuestras relaciones laborales y sindicales, entre otras.
Sin embargo, a pesar de las organizaciones que detalla nuestro Presidente, hay ministros dedicados a hacer negocios y no a servir. Hay un nivel de ineptitud, corrupción y falta de solidaridad en demasiados funcionarios que parecen estar más bien dedicados a convertir el tesoro público en piñata, con falta de honestidad, eficacia y solidaridad en todo su accionar. Además, cero sentido político, cero sensibilidad y cero sentido del ridículo. Para muestra, un botón: ¿a quién se le puede haber ocurrido ponerle a un hospital el nombre “Hospital Covid”?
Lo último ha sido lo de las vacunas. El Presidente dirigió el diseño de un sistema de vacunación en detalle casi perfecto… se hicieron simulacros, se hicieron anuncios alardeando “somos los primeros”… incluso, nos burlamos de un país vecino. El despliegue de una super-caravana cívico-militar al aeropuerto para tan solo recibir 12 mil de las 40 mil vacunas que debían llegar, hizo que hiciéramos el ridículo y -lo peor- se formó la rebatiña y los héroes más vulnerables del sector salud -los intensivistas de las Salas Covid- no fueron vacunados por favorecer a administrativos y otras con “palanca” política o de amistad. Un total caos que, incluso, raya en lo criminal.
¿Qué pasa, señor Presidente? ¿Quiénes son los responsables de sencillamente “limpiarse” con sus bien diseñados planes para la vacunación? ¿A cuántos responsables y beneficiados mandó a botar públicamente? La listita de vacunados que no estaban programados debe estar bien clara para ponerle un “¡Alto!” a la rebatiña en su gobierno.
¡Gobierne, señor Presidente! Salga de los corruptos y desubicados, por más amigos suyos que sean. Esta gente lo está enterrando, señor Presidente. No son sus amigos… ¡son sus peores enemigos!
Ya cuando usted se disgusta y habla “rofeando” es por gusto, porque esta gente ya sabe por experiencia que son puros “ladridos” sin peligro de que los “muerda”.
Llegó la hora, señor Presidente, ¡de morder! De que rueden las cabezas de los “intocables” y que usted, señor Presidente, tome las riendas de la Crisis Covid (que es una sola), haga sus consultas -con gente experimentada-, tome las decisiones y sea usted quien las comunique semanalmente al país. Que no tenga que seguir diciendo “aquí decido yo” sino que por sus acciones quede claro que usted es quien gobierna, dejando bien claro que los que no cumplan su trabajo con seriedad, honestidad y eficiencia, quedarán “¡afuera!” públicamente, en el acto, sin contemplaciones.
El país quiere sentir la seguridad de que usted (el que elegimos) está al mando y que los corruptos e ineptos no tienen cabida en su gobierno.
No anuncie, y mucho menos anuncie que va a anunciar. Un solo golpe de timón es lo que falta.
Muchos -de todos los sectores- están dispuestos a ayudarlo sin nada a cambio... simplemente porque quieren que el país vuelva a hacerse respetar debido a que tiene un gobernante honesto y eficaz al frente del gobierno… gobernando.
El autor es fundador del diario La Prensa
