“¿Cuál es la mejor manera de que un preso no quiera escapar? Pues no enterándose que está preso”.
El anterior precepto filosófico nos lleva a reflexionar en el grado de ignorancia en el que pareciera nos pretenden mantener.
Todos los días nos amanecen con cantos de sirena en cuanto a situaciones que muchas veces no comprendemos, ya sea por la complejidad del asunto o porque no hemos tenido la oportunidad de instruirnos o aprender, como consecuencia de la pobre educación que el sistema ofrece.
Las oportunidades que la vida nos brinda usualmente vienen acompañadas de situaciones que muchas veces no sabemos identificar o no tenemos las capacidades intelectuales o educativas para captarlas o distinguirlas. El momento y lugar asociado a esta oportunidad será crucial para aprovecharla.
Muchas veces llego a pensar que nuestros dirigentes o seudo líderes lo que verdaderamente persiguen es mantener al pueblo ignorante, llevándolo a esta incapacidad de surgir por su propio esfuerzo, donde la mayoría no logra prosperar por estar atado a su propia condición, exacerbada por el estado de pobreza, que no es mas que el resultado de esta mala educación.
Si traemos todo lo a anterior a nuestra realidad nacional, reconoceremos que el cuadro no solo no es alentador sino preocupante. Veamos: mala educación igual a ignorancia; ignorancia igual a incapacidad de prosperar.
Esta incapacidad de mejorar estanca a la sociedad como un todo y al individuo lo deja en indefensión ante las situaciones normales de la vida. Entonces vienen los grandes políticos a ofrecer gestos de ayuda que solo son temporales, que a la postre no sacan a la gente de la espiral de pobreza. Esta ayuda, la cual viene de muchas formas y maneras, la dan para buscar votos con el canto de te ayudo pueblo, pero no resuelve el fondo del problema.
¿Quedamos ante una sociedad en una espiral de pobreza de la cual no logra salir por la simple incompetencia del sistema o será un plan preconcebido para que se perpetúe? Esta realidad rampante se muestra donde los más prósperos son los educados y donde la crítica no tiene fondo, pero si fuerza en las acciones de grupo cuando ya no hay otra forma de resolverse. Siempre hay que estar solicitando al Estado que solucione, pues parece que la respuesta es porque no se sabe cómo hacerlo de otro modo o porque no tenemos las competencias para lograrlo por el propio esfuerzo.
Los subsidios en general son buenos si tienen un propósito claro, noble y con sus tiempos definidos, pero no son la solución sino la curita para que el enfermo siga vivo. Salir de cuidados intensivos de la pobreza se logra con educación. A ver si de verdad, de una vez por todas, los actores entendemos que esto va de la mano con políticas de Estado, no de gobierno. No permitamos seguir presos de la ignorancia; actuemos sin dilación y con amor patrio.
El autor es miembro fundador del Molirena

