Islandia está muy cerca de convertirse oficialmente en candidata a la adhesión a la Unión Europea (UE).
Los ministros de Exteriores de los Veintisiete debatieron por primera vez la petición del país nórdico y encargaron a la Comisión Europea un dictamen sobre su solicitud para ingresar en el club europeo.
Bruselas elaborará un informe “riguroso y objetivo” en los próximos meses para concretar las condiciones políticas y legislativas que debe cumplir Reikiavik.
A partir de ahí, los socios europeos darán a Islandia oficialmente el estatus de candidato.
El comisario europeo para la Ampliación, Olli Rehn, rechazó establecer un calendario para el dictamen o para las negociaciones, aunque fuentes comunitarias apuntaron que el informe podría presentarse a finales de año. Será cuanto antes pero nos vamos a tomar el tiempo que sea necesario, aseguró Rehn. A diferencia de las negociaciones con Macedonia o Croacia, se prevé que las de Islandia -país con una democracia mucho más consolidada que otros candidatos- no se alarguen tanto en el tiempo. Los socios europeos admiten que Reikiavik será un alumno aventajado, pero también advirtieron que deberá seguir el mismo camino que cualquier otro candidato. “No hay una vía más rápida sino una vía más corta, resumió el titular de Exteriores sueco, Carl Bilt. De hecho, Islandia comparte con la UE el 75% de la legislación -pertenece ya al Espacio Económico Europeo y a la zona de libre circulación de Shengen-, algo que hará más fácil su adaptación a las directivas europeas. El escollo más relevante será la política de pesca, una de las principales actividades económicas de la isla y una de las políticas más reguladas por Bruselas. Las dificultades que están teniendo otros países de los Balcanes Occidentales, como Albania, que también han llamado a la puerta de la Unión Europea y aún no han conseguido que los Veintisiete soliciten el dictamen correspondiente, son la prueba más fehaciente de que el proceso para Islandia será un camino más fácil que el de otros candidatos.
El Gobierno islandés ha pedido que las negociaciones no se alarguen más de tres años, un tiempo realmente breve en comparación a cualquier otro proceso de adhesión.