[IMAGEN INTERNACIONAL]

La ‘primera’ guerra de Obama

Obama está cambiando poco a poco la imagen de Estados Unidos en la región. Y en el mundo. Su manera de hacer la guerra (y la paz) es distinta.

SAN SALVADOR, El Salvador. –Mientras el presidente se ponía el micrófono para la entrevista por televisión, le dije lo que muchos periodistas que lo seguíamos en su primera gira latinoamericana estábamos pensando; que resultaba sumamente complicado dirigir una guerra en Libia mientras visitaba Brasil, Chile y El Salvador acompañado de su esposa e hijas. Eso es estar ocupado. Eso es dirigir una guerra desde el aire.

Comencé la entrevista preguntando al presidente acerca de los ataques encabezados por EU contra Libia, esencialmente su primera guerra.

Me corrigió inmediatamente. “Desafortunadamente, ésta no es mi primera guerra”, me dijo, “heredé dos”.

Le pregunté acerca de los objetivos militares en Libia. Además de proteger a los civiles y promover la democracia, ¿era también uno de ellos deshacerse de Gaddafi?

“Esta es una misión militar muy específica, limitada en tiempo, para apoyar un esfuerzo internacional que prevenga una crisis humanitaria en Libia”, contestó, “y establecer una zona donde no vuelen aviones para que Gaddafi no pueda usar a su ejército contra su propia gente”.

¿Pero qué pasa, pregunté, si pese a los ataques de la coalición internacional, Gaddafi se queda en el poder? ¿Se puede descartar una invasión por tierra?

“Una invasión terrestre está descartada. Absolutamente”, dijo Obama. “Ahora bien, creo que es en el mejor interés del mundo y del pueblo de Libia que Gaddafi deje el poder, y hay varias medidas disponibles para lograr eso”.

Estados Unidos, algunas veces, desafía a dictadores como Gaddafi, el iraquí Saddam Hussein, el egipcio Hosni Mubarak o el panameño Manuel Antonio Noriega. Pero otras veces no. Estados Unidos tiene relaciones diplomáticas excepcionales con regímenes autoritarios como el de China y Arabia Saudita. ¿Por qué esa doble moral en la política exterior norteamericana?

“No creo que sea un estándar doble”, me explicó el presidente. “La de (Libia) es una situación única ... Tratamos con países, todo el tiempo, que no tienen el mismo tipo de gobierno que nos gustaría, y en esos casos usamos la diplomacia, y expresamos los valores universales en los que creemos”.

Y del mundo árabe saltamos a América Latina. Le pregunté acerca de la controversia surgida en México en torno a la Operación Rápido y Furioso, en las que agentes de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos de Estados Unidos al parecer permitieron el paso de cientos de armas ilegales hacia México, para rastrearlas hasta que estuvieran en manos de los jefes de los carteles del narcotráfico.

¿Autorizó Obama esta operación? ¿Le informó al respecto al presidente de México, Felipe Calderón?

“Primero que nada, yo no la autoricé. El procurador general, Eric Holder, no la autorizó”, respondió. “Así que lo que (Holder) ha hecho es asignar a un I.G. –inspector general– para saber exactamente qué pasó”.

¿No fue informado Obama de esta operación?

“Absolutamente no. Este es un gobierno muy grande, tiene muchas partes en movimiento”.

“¿Y el presidente Calderón tampoco fue informado?”.

“Bueno, si yo no fui informado, te puedo asegurar que México tampoco fue informado”.

Y de ahí pasamos a su gira de cinco días por América Latina. A lo largo de su recorrido por la región habló de mejorar la cooperación en la lucha contra el narcotráfico, impulsar mejores relaciones comerciales y reformar la inmigración.

Obama se entrevistó con tres presidentes, Dilma Rousseff, de Brasil; Sebastián Piñera, de Chile, y Mauricio Funes, de El Salvador, quienes, independientemente de sus tendencias políticas, son líderes pragmáticos que han ayudado a consolidar la democracia en sus respectivas naciones.

“La ideología ya no es importante”, me comentó. “La gente quiere saber qué funciona. Están menos interesados en la ideología, si algo es de derecha o de izquierda. Quieren saber: ¿Están siendo bien educados nuestros hijos? ¿Se están desarrollando los negocios? ¿Está mejorando el nivel de vida? ¿Está más segura la gente? Es una enorme oportunidad tanto para Estados Unidos como para América Latina el poder pensar en esos términos prácticos para ayudar a la gente”.

Estos son, sin duda, nuevos tiempos. Tras seguir (y perseguir) al presidente durante su primera gira latinoamericana, sí noté que Obama está cambiando poco a poco la imagen de Estados Unidos en la región. Y en el mundo.

Su manera de hacer la guerra (y la paz) es distinta. Obama no quiso atacar Libia solo; esperó una resolución de Naciones Unidas para hacerlo y ha coordinado los ataques con una coalición internacional. Es otra manera de estar en el mundo. ¿Qué otro presidente ha seguido un ataque norteamericano al norte de África frente a las playas de Copacabana?

No deja de sorprenderme que en estos nuevos tiempos una guerra se puede declarar, organizar y dirigir desde arriba de un avión presidencial –en medio de una gira centrada en el comercio– y a miles de millas de distancia de la zona de combate. Nunca lo había visto antes. Es otro estilo de gobernar y de atacar. Y se nota.


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