La migración es un fenómeno constante y dinámico que exige la diversificación de la intervención normativa, para aprovechar al máximo sus posibles beneficios y reducir al mínimo los costos. Es indispensable tener mejores conocimientos y capacidades al respecto, a fin de facilitar la migración legal, asegurar la protección de las personas, promover su integración en el país de destino, prestar apoyo para el retorno voluntario, y promover una mayor vinculación entre migración y desarrollo.
Es probable que en los próximos decenios la migración sufra una transformación en escala, ámbito y complejidad, debido a las crecientes desigualdades demográficas, los efectos del cambio ambiental, las nuevas dinámicas políticas y económicas, y los conflictos bélicos y religiosos. Esas transformaciones estarán vinculadas a mayores oportunidades, desde el crecimiento económico y la reducción de la pobreza, hasta la innovación social y cultural. Sin embargo, también intensificarán los problemas y darán lugar a nuevos desafíos, desde la migración irregular hasta la protección de los derechos humanos de los migrantes.
Panamá no escapa a este fenómeno. Desde antes y a inicios de la república, albergó a gente de varias nacionalidades. La mayoría llegó para la construcción del Canal y muchos se radicaron y formaron sus familias. Aquí conviven chinos, hindúes, hebreos, colombianos y venezolanos, entre otros extranjeros que ya se integraron a la sociedad. Panamá es hoy un país de oportunidades, con un centro financiero robusto y una economía que se ha mantenido estable durante los últimos 15 años. El comercio es una de sus actividades más prolíficas, lo que se evidencia en sus malls, y el costo de la vida es accesible, comparado a otras regiones.
Ahora tenemos un problema en la frontera con Costa Rica, porque migrantes de Cuba y de países africanos utilizan a Panamá como ruta para llegar a Estados Unidos. Muchos de ellos cierran las calles y exigen que se les atienda, como si tuvieran derecho a hacerlo. ¿Qué ha hecho el Gobierno para poner los debidos controles migratorios? Les aseguro que no tenemos siquiera un censo de la gente que está en la frontera; no sabemos si hay delincuentes o criminales que huyen de las leyes de sus países; tampoco, si alguno porta alguna enfermedad contagiosa.
Es visible el desinterés de las autoridades, pues no han puesto orden en este problema. Ya es hora de hacer respetar nuestro territorio y de que seamos más vigilantes, porque no es un secreto que muchos sicarios ingresan a Panamá, como turistas, y en menos de un día salen, como si nada. Como ciudadano panameño, exijo que las autoridades refuercen los controles migratorios. Todavía no he visto ni escuchado a ningún miembro de la alta jerarquía pronunciarse sobre este problema, que debe ser abordado como un tema de Estado y, en consecuencia, elaborar normas legales claras para evitar que las futuras generaciones resulten afectadas.