Mucho se ha debatido sobre la problemática deportiva nacional, pero pocos han enunciado una de las verdaderas causas de los problemas existentes en nuestro deporte.
Ahora que las elecciones están a la vuelta de la esquina, muchos políticos han utilizado al deporte como una bandera para recoger votos favorables. Unos dicen que hay que crear un “Ministerio de Deportes”, otros que hay que “construir más canchas”.
Sin embargo, y hablando como dirigente deportivo de más de 10 años en el país, y creyendo tener algo de experiencia directa en la materia, necesito que los próximos gobernantes conozcan nuestro punto de vista desde el “ángulo dirigencial”.
Se dice que en los últimos cinco años, el Gobierno ha invertido más de 90 millones de dólares en infraestructura para el deporte. Esto no está mal. Pero no ha invertido más de 6 millones de dólares en estructura organizacional deportiva y desarrollo del recurso humano (atletas, entrenadores, árbitros, dirigentes, etc.) en unas 30 organizaciones deportivas oficiales que componen el mundo deportivo nacional. Esto es solo el 5.8% de una inversión quinquenal millonaria total del Estado.
Para los que no saben, en Panamá, el deporte depende del voluntariado que se agrupa en asociaciones o federaciones deportivas de carácter civil, que trabajan sin asignaciones presupuestarias anuales del Estado, como debe ser, y como es en otros países cercanos (Guatemala $83 millones de dólares, República Dominicana $52 millones). O sea, que básicamente el problema del deporte local es principalmente de recursos. Recursos que deberían ser invertidos en la gente que hace deportes, principalmente los atletas, porque ellos son los que ganan las medallas y obtienen los resultados que honran a nuestro país.
Definitivamente, no se puede desarrollar el deporte de ningún país si no se invierte en el recurso humano, por más coliseos y canchas que se construyan. El atleta que juega no avanza, y no puede jugar si no hay recursos.
En Panamá la mayoría de asociaciones y federaciones deportivas trabajan a base del concepto financiero de “flujo de caja” (excepto las que reciben un subsidio internacional, como la del fútbol); o sea, que si logran recabar suficientes recursos (dinero, implementos, etc.) entonces realizan sus actividades, en detrimento del desarrollo masivo que debe existir en el deporte.
Como empresario que también soy, debo admitir que quien trabaja a base de flujo de caja, no puede planificar ni mucho menos desarrollar una actividad como debe ser, cualquiera que esta sea.
Para planificar un desarrollo sostenido del deporte, es imperativo contar con una asignación presupuestaria “real” del Gobierno que no solo esté en papel, o en un presupuesto que pasa por la Asamblea solo para satisfacer el apetito burocrático del Instituto Nacional de Deportes, sin llegar a los organismos deportivos que deben “invertir en la gente”. Nos dirán que allí está la empresa privada, y que debemos gestionar ante ellos (la llamada autogestión) para obtener patrocinios para la actividad deportiva, pero siendo también un hombre de negocios, sé que el objetivo de la empresa privada es la ganancia o el rendimiento a la inversión, y ninguna empresa va a invertir en el deporte, si el mismo no le proporciona un claro rendimiento, ya sea monetario o publicitario.
Siempre hay una esperanza. La nuestra es que nuestros próximos gobernantes entiendan que así como la empresa privada invierte en maquinaria, mobiliario y equipo, inventario de productos y en recursos humanos, para generar una ganancia, es potestad y obligación del Estado a través del Gobierno Nacional el invertir en la gente para el bienestar general de la sociedad.
