[DESEMPEÑO ECONÓMICO]

La productividad como clave

El buen gobierno, el estado de derecho y las políticas públicas inteligentes son clave para generar crecimiento, reducir la pobreza, promover el bienestar y mejorar la equidad.

En 1960, por cada dólar de riqueza creada por un estadounidense, los latinoamericanos generábamos (y recibíamos), en promedio, 25 centavos. Hoy son apenas 17.

Con las naciones del Asia Oriental la tendencia ha sido inversa: un acelerado aumento en la proporción.

En las dos décadas que van de 1981 a 2001, esa misma región logró reducir casi a la mitad el porcentaje de gente que vive con menos de $2.15 al día. Pasó del 84.8% al 47.4%.

Los latinoamericanos y caribeños, en cambio, nos estancamos: apenas bajamos de 26.9% a 24.5%. Consuelo: aún estamos mejor. Problema: el avance ha sido patético.

Tras estas y otras cifras, que muestran el rezago de nuestro hemisferio en la carrera por el crecimiento y el desarrollo, existen múltiples causas.

La tendencia de muchos dirigentes ha sido buscar culpables externos que los releven de su responsabilidad: desde el mítico imperialismo hasta los reales “términos de intercambio”.

Y con frecuencia añaden las rigideces, injusticias y desajustes “estructurales” que se hunden en nuestra historia y, si duda, debemos superar plenamente.

Pero ha existido una gran renuencia a reconocer las responsabilidades propias y la necesidad del buen gobierno, el estado de derecho y las políticas públicas inteligentes como las variables clave para soltar las amarras, generar crecimiento, reducir la pobreza, promover el bienestar y mejorar la equidad.

Un libro publicado hace pocas semanas por el Banco Interamericano de Desarrollo y el Fondo de Cultura Económica aporta nuevos argumentos al debate.

Con varias perspectivas y sólida evidencia empírica, La era de la productividad. Cómo transformar las economías desde sus cimientos, dirige la mirada al factor que, como síntesis y resultado de los anteriores, mejor explica nuestro rezago en la carrera por el bienestar: la baja productividad.

Según su principal autora, Carmen Pagés, Latinoamérica y el Caribe han padecido de una reiterada incapacidad para “encontrar mejores formas de emplear con más eficiencia la mano de obra, el capital físico y el capital humano que existen en la región”.

Es decir, en relación con nuestros recursos, generamos menos riqueza que otras zonas.

Los datos son apabullantes: entre 1975 y 1990, la productividad latinoamericana se redujo en 0.3%; en cambio los países de alto ingreso la incrementaron en 2.7% y los de Asia Oriental en 4.6%.

En los siguientes 15 años nos fue algo mejor: un 1.5% de aumento, pero los países desarrollados crecieron 2.4%, y los asiáticos, algo más del doble que nosotros.

Tan modesto desempeño ha conducido a una “enfermedad crónica”: el crecimiento lento. Por su culpa, la lucha contra la pobreza ha sufrido severamente. “A menos que la productividad aumente –sentenció Pagés al presentar el libro–, la política social, por sí sola, no podrá eliminar la pobreza”.

¿Cómo cambiar la tendencia? La respuesta pasa por prioridades más depuradas y mejores decisiones públicas.

Entre las recomendaciones están incrementar la eficiencia y reducir los costos del transporte; crear condiciones que faciliten el acceso al crédito; simplificar y hacer más “amigables” los esquemas tributarios; mejorar la asignación de recursos de las políticas sociales, a menudo dispendiosas e ineficaces; impulsar las pequeñas y medianas empresas hacia la creación de empleos más productivos; promover la educación y la innovación, y revisar los subsidios que distorsionan la asignación de recursos.

Se trata, en gran medida, de lo contrario al populismo, el dirigismo politizado y la búsqueda de villanos externos. No en balde Chile y Costa Rica sean los dos países con mejor desempeño productivo.

Pagés clama por un “nuevo consenso” que, sobre la base de la estabilidad económica, abra el camino hacia un crecimiento sostenido estimulado por una mayor productividad, no la explotación de los recursos naturales.

De aquí, y con el liderazgo de gobiernos serios, podrán seguir muchas otras ventajas. Como apunta una frase del premio Nobel de Economía Paul Krugman, al inicio del libro, “La productividad no es todo, pero en el largo plazo es casi todo”.

Hay que impulsarla.


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