Una de las promesas de campaña del actual gobierno, fue apoyar a la producción agropecuaria y agrícola nacional, la cual debe competir con productos importados que, a la postre, son más baratos. Y ante una economía de libre oferta y demanda, el contribuyente va a adquirir el producto más económico, el importado. Pero, ¿por qué la producción nacional es más onerosa? Porque los insumos para el mantenimiento de la industria agrícola no son producidos en Panamá, lo que significa que los fertilizantes, alimentos para animales, inyecciones, etc., sin sumar los salarios y combustibles, son más del doble de caros que los que utilizan los productos importados. O sea, el problema central son los altos costos de la producción agropecuaria en Panamá.
¿Qué debe hacer el gobierno nacional? Ser un facilitador, es decir, apoyar para que el productor adquiera tecnología, insumos e inversión a bajo costo, como también que sea capacitado y orientado para aprender a ser más eficiente y, por consiguiente, ser competitivo y poder vender más barato. Pero, ¿qué está haciendo ahora el gobierno nacional? Subsidiando, es decir, comprando 260 mil jamones (este año serán 500 mil), a 22 dólares cada uno (casi el doble de lo que vale el importado en los supermercados), para venderlo a 8 dólares y entregar 46 mil de esos jamones a representantes y diputados a través de las juntas comunales; encima siendo éstos productos regalados a su gente.
Es decir, al final, el contribuyente sigue pagando un precio alto que, a la postre, constituye un elemento más que provocará el aumento ya insostenible de la deuda panameña (y eso que estamos en “contención del gasto”).
Entonces, lo más sencillo y conveniente políticamente, no es capacitar para transmitir eficiencia sino regalar, porque esto último es lo que genera los votos. El propio director del Ima, a pesar de que acepta que han “malacostumbrado a la gente”, se resigna por ser, según él, la “tradición”. Y para quienes consideran que estos jamones son para las clases más necesitadas, el director del Ima afirma que no pueden controlar si se lo lleva alguien que no lo necesite, que una persona se lleve más de un jamón, que una persona envíe a otros por más jamones o que se evite la reventa. Para este funcionario, la venta de 500 mil jamones este año 2020 implicará “ayudar al productor y a más gente”, porque están “llegando a los más pobres”. Lo curioso es que la compra de jamones del 2019 se repartió entre “10 invitados”. ¿Qué porcentaje representan esos 10 invitados en el universo de productores nacionales, sobre todo, cuando se trató de una contratación directa? De hecho, ahora tienen el tiempo suficiente para licitar los 500 mil jamones de este año. ¿Lo harán?
Los productores nacionales acaban de recibir, de este gobierno, los pagos de cuentas atrasadas, lo cual es positivo y justo. Pero si el propio director del Ima acepta que los productores nacionales deben “dejarse ayudar y ser sinceros”; dice que no está seguro si utilizan el subsidio en lo que deben, o que en la rendición de sus cuentas se comprueba en algunos que están “amañadas”. Me pregunto, ¿cuál es el futuro del sector agropecuario, según el cuadro pintado por el propio director del Ima? Muy fácil descifrarlo: seguirá siendo un gremio en permanente zozobra y limitado crecimiento. Los productores pequeños y serios, que son la mayoría, se darán cuenta que seguirán los limitados “beneficios” y que el subsidio jamás podrá mejorar lo que la capacitación, la educación, la eficiencia y el conocimiento recibido como verdaderos compromisos del Estado, les permitirían obtener para lograr competitividad, inversión, autosuficiencia y éxito.
El autor es abogado