Nos angustian las cifras del desempleo, pues cada vez son más los panameños que no tienen trabajo o están obligados a depender de la economía informal. Cada día las oportunidades laborales son más escasas. A la par de esta preocupante situación, sobre todo para los jóvenes que entran por primera vez al mercado laboral, vemos más extranjeros ocupando posiciones en forma ilegal, sin papeles, sin preparación, hasta el punto que cada vez son más las denuncias que se hacen sobre el particular. Recientemente, en pleno centro de la ciudad de Panamá, decenas de extranjeros fueron encontrados trabajando ilegalmente en el gigantesco proyecto Multicentro. Todos sabemos de la cantidad de indocumentados que hoy están prestando servicios como cocineros o meseros en restaurantes, o como peluqueros en salones de belleza, y en tantos otros lugares de la economía formal e informal, lo que ocurre ante la mirada impávida de las autoridades que pareciera no hacen absolutamente nada al respecto.
Sin pecar de xenofóbico ni nada que se le parezca porque un país como el nuestro ha sido construido como un crisol de razas, con la ayuda tanto de chinos, como de indostanos, caribeños y árabes, es preciso que cumplamos con las políticas migratorias vigentes para proteger a los ciudadanos panameños, tal como lo hacen los costarricenses con los nicas, los estadounidenses con los mexicanos y los países europeos con los africanos.
Recientemente, en recurso de habeas data que nos concediera en pleno la Corte Suprema de Justicia el 23 de julio de 2003, siendo el ponente el magistrado Alberto Cigarruista, esta corporación obligó al ministro de Comercio e Industrias a facilitarnos la información sobre licencias comerciales que le habíamos solicitado y se había negado a entregar. Quedé impresionado con la eficiencia y responsabilidad con que el ministerio encargado de fomentar el comercio y las industrias en nuestro país atiende el asunto de las licencias comerciales, que en el caso de aquellas dedicadas al comercio al por menor constitucionalmente están reservadas para los ciudadanos panameños y que constituyen lo primero que tiene que hacer quien inicia un negocio en nuestro país.
Comparto con los lectores la escuálida información que el MICI me mandó sobre el tema. Lo primero que llama la atención es cuando dice debido a que el MICI no cuenta con una base de datos centralizada ni automatizada, la información suministrada fue localizada por medios manuales y los datos correspondientes...al interior han sido remitidos por correspondencia, que por el tiempo que demoró debió ser traída a caballo. La información de Panamá oeste (La Chorrera y Arraiján) simplemente no pudieron localizarla por dificultades de no sé qué tipo.
Más sorprendentes aún son las cifras que acompañan los datos, lo cual refleja que para el MICI no es un problema nacional el que extranjeros indocumentados ejerzan el comercio al por menor, sobre todo en el interior de la República, donde más quejas se presentan sobre esas irregularidades. Veamos algunos datos recibidos sobre licencias comerciales canceladas por ejercer el comercio ilegalmente o a través de interpuesta persona. En Bocas del Toro hubo solo tres casos en cinco años. En Coclé, solo cuatro. En Darién y en Veraguas, ninguno. En Herrera, solo tres en cinco años. En Chiriquí, 30 en cinco años, y en Colón, 17 en ese mismo período de tiempo. En cuanto a las multas impuestas, en Bocas y en Darién solo se puso multas por 100 dólares en cinco años. En Chiriquí, sin embargo, en ese concepto no se recaudó un solo centavo. Frente a estas reveladoras cifras solo se puede llegar a dos conclusiones: o esto realmente no es ningún problema o simplemente el MICI no está haciendo bien su trabajo.
Como vicepresidente de la Comisión de Comercio que fui cuando se aprobó en la Asamblea la nueva legislación sobre licencias comerciales en 1994, a través de la Ley 25, quisimos introducir mecanismos de protección a los panameños en lo relativo al comercio al por menor que, nueve años después, vemos que han sido inútiles por los exiguos esfuerzos que ha hecho el MICI para modernizar el ministerio encargado de promover la riqueza de nuestro país y que los inversionistas se interesen en venir aquí.
Tras 100 años de República, todavía los registros de las licencias comerciales en el MICI siguen siendo manuales ...y así pensamos negociar tratados de libre comercio con Estados Unidos y con otros países. Así pensamos atraer más inversiones a nuestro país. Pareciera que las prioridades del cuestionado ministerio se encuentran en asuntos más productivos que las licencias comerciales, tales como la equiparación en los puertos y los regalos que se le hicieron a la Refinería Panamá cuando esta incumplió el contrato con la Nación, y sus instalaciones, de acuerdo con el contrato existente, debieron revertir por completo a la república de Panamá.
La verdad es que si seguimos así, bien podríamos cambiarle la estrofa al himno nacional cuando este, en 1904, nos dijo que el progreso acaricia tus lares, ya que el mismo, al ritmo que vamos jamás lo llegaremos a tener.
