La concepción de estos proyectos generalmente son producto de la maléfica colaboración interesada de las megaconstructoras extranjeras, que le brindan proyectos a los funcionarios ineptos, incapaces de concebir, estudiar y desarrollar por sí mismos. Son el perfecto caldo para cocinar la corrupción impune a todo nivel. La promoción de estos proyectos castra la capacidad profesional de los ministerios e instituciones que los proponen, en ellos los profesionales son meros mandaderos de estas empresas, no se les admite criterios, no tiene participación efectiva en su concepción, planos , especificaciones, alcance de los proyectos y menos en el desarrollo.
Para un inepto funcionario apoyado en una pléyade de iguales políticos, el recibir un proyecto masticado donde no hay cabida a pensar, donde no se observan normas elementales de construcción, acomodado a recursos e intereses de las empresas, en lugar del bien común y el correcto raciocinio, es la solución perfecta para encubrir su incapacidad y para propagar a los 4 vientos que se realizan proyectos.
El diseño conceptual es potestad del contratista, la ruta final, el diseño estructural, ponen en papel muchas veces soluciones e inviables, no consultadas, que en el camino reemplazan a su antojo por propuestas mas baratas e infectivas. Las obras se van realizando sobre la marcha sin planos terminados ni aprobados y los mismos se van variando de acuerdo a la conveniencia económica del contratista , con el llamado “Fast Track”.
Es la receta perfecta para construir sin limitaciones y sin estar sujetos a un precio fijo, ya que van modificando el plano y proyecto a conveniencia con aprobaciones espurias, inconsultas e irracionalizadas, a cambio de coimas.
Para adjudicarse estos proyectos los contratistas participantes, que se conocen, se coluden y falsean informaciones financieras, técnicas que por lo general no son verificadas por funcionarios. Las autoridades con una alta cuantía de los proyectos buscan limitar la participación directa de contratistas panameños y los condenan a ser subcontratistas abusados de la Megaempresas Engañosas, muchas en dificultades financieras con estados financieros maquillados, no verificados, mientras que con los panameños los bancos locales son extremadamente rígidos y conservadores para concederles financiamiento de estos proyectos.
Siempre resulta que estos proyectos requieren un abono inicial cuantioso, y no es un secreto que es para repartir la coima inicial, y luego pasan cuentas de avance que los superiores ordenan ser aprobadas y son pagadas hasta que alcance el dinero, a pesar de que este tipo de proyecto debiera ser cobrado sólo al terminar la obra y ser aceptada a satisfacción, nadie saben cómo logran un cambio tan sustancial en la forma de pago, que implicaría un cambio de contrato.
La capacidad profesional en Ministerios, Municipios e Instituciones es exprofeso diezmada para sólo manejarse con ineptos colaboradores políticos (llámese botellas) y que otro haga su trabajo. Es una vergüenza el irrespeto de que son objeto los profesionales de Arquitectura e Ingeniería del país para darle paso a esta modalidad que puede ser tipificada como colusión o felonía en funcionarios a cargo y contratistas. Pronto los profesionales nacionales empoderados deberan que solicitar abolir estas prácticas selectivas, nocivas y onerosas para realizar obras estatales.
El autor es ingeniero civil

