No al puente elevado del multicentro

El proyecto es bienvenido, pero no por eso se justifica el mal diseño del acceso vehicular

Son varios los casos ejemplares que demuestran que tanto el plan de relleno como el puente del multicentro son un grave error urbano. Hay circunstancias parecidas en otras ciudades del mundo y estos casos deberían estudiarse para así evitar un deterioro.

Muchos lugares enfrentan hoy una desintegración entre la ciudad y sus costas causada primordialmente por un dificultoso acceso al mar. Tales barreras, como la Avenida Balboa, están en continuo ensanche para así acomodar las exponenciales demandas vehiculares. Estos continuos ensanches son solo seguidos por puentes elevados, tal como se prevé en el multicentro, los cuales finalmente obstaculizan totalmente el paso y la vista a la costa. La actual propuesta de relleno y puente elevado al multicentro se presenta como un alarmante precedente.

Efectos similares al de carreteras han resultado a causa de líneas de ferrocarril y áreas industriales. Ciudades como Boston con la vía I-95; Barcelona, Bilbao, y Genoa con sus áreas industriales; Shanghai con su problema de densidad migratoria; Yokohama con su área portuaria, entre otras, han acarreado en proyectos de revitalización multimillonarios para así convertir deterioradas costas en populares espacios públicos. Actualmente, New Haven, Bridgeport, Stamford, Philadelphia, y gran parte de la costa de New Jersey, son separadas de sus costas atlánticas por la carretera I-95. Además, Seattle por la vía I-99; Toronto por el Gardiner Expressway; y Buenos Aires por el Ave. Paseo Colón, son ejemplos de ciudades con desintegración costera. Aun Manhattan, con sus cuantiosos recursos, ha sufrido altos índices de crimen y devaluación en el área oeste de la ciudad en parte por la separación creada por el West Side Highway, carretera que hace la división entre la ciudad y el río Hudson. Problemas urbanos similares se podrían nombrar en otras ciudades de Europa y Asia.

Aun cuando la bahía de Panamá está contaminada, es actualmente mucho más fácil imaginar la Avenida Balboa como un revitalizado paseo vehicular y peatonal, que como una costa olvidada y arruinada. Pero de persistir propuestas y actitudes de indiferencia hacia la bahía, tales como el puente elevado al multicentro, se corre el riesgo de separar la costa de la ciudad y depreciar las propiedades del área.

Por un minuto podríamos imaginar tal paseo por la Avenida Balboa, donde ambos –conductores y peatones– gozamos de una vista extraordinaria al mar. Entre la calle y el mar, un amplio y extenso malecón donde todos podemos caminar, hacer deporte o descansar bajo la sombra de árboles, ya sea en una banca o en pequeños quioscos de café. Además, un recorrido que une la historia al conectar Amador, el Casco Viejo, y finalmente el moderno Paitilla. Más que un sueño, esta visión es una posibilidad. Contrariamente se construye un puente que no solo obstaculizará la vista a la bahía, sino que también eliminará el paso peatonal en un punto clave como lo es el origen y acceso a este importante recorrido. El puente elevado al multicentro no solo perjudica la realidad de la Avenida Balboa, sino que dificulta severamente los planes para su mejora.

Muchas son las instituciones económicas internacionales que consideran beneficioso para la ciudad el proyecto multicentro. El proyecto es bienvenido, pero no por eso se justifica el mal diseño del acceso vehicular, y menos el mal desempeño de las instituciones públicas al aprobar este perjudicial puente. Es inconcebible que en París se obstaculice parcialmente la vista a la Torre Eiffel, o que en New York se ceda parte del Parque Central, o que en Barcelona se otorgue parte de sus playas para construir un puente privado o un área de estacionamiento. Igual admiración y orgullo deberíamos tener nosotros por nuestra bahía. Ciertamente no es un problema fácil de resolver y debemos buscar una solución temporal. Es mejor tener seis meses de tranque, que un permanente desastre urbano. Ojalá la construcción de este relleno y el puente no sirva de precedente para una actitud urbana que nos condene como ciudad. La ciudad es el bien común que nos une a todos, y en la medida en que la mejoramos, creamos ciudadanos más conscientes y orgullosos de lo nuestro.

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