Al observar y ver las presentaciones y declaraciones mediáticas, incluyendo videos, chats, etc., no me queda más que ponerme mi sombrero de educadora y señalar el desfase actual y el desenfreno vitriólico con lo se que dirigen políticos, consumidores, padres de familia, educadores en contra de las personas con las que discordamos.
He pasado una vida enseñando a mis alumnos a no hostigar, no acosar, no agredir física o verbalmente a ningún compañero, y cuando veo el acoso, los gritos, los insultos en los medios, con qué cara podemos pedirle a nuestra juventud que no lo haga con sus compañeros. Como educadora, siempre he promovido ser el ejemplo a seguir con nuestros estudiantes.
Si demando respeto, doy respeto, si no quiero que me levanten la voz, no levanto la mía, y creo que en mis 38 años de docente he establecido una excelente relación con mis estudiantes.
Creamos leyes que protejen los derechos del niño, pero somos bombardeados diariamente con adultos gritándose, insultándose, y creando un ambiente hostil que rebasa totalmente los parámetros de acoso escolar. Si fuera la Asamblea, las noticias, los medios o una escuela, ya habrían sido citados acudientes, psicólogos, profesores, para ponerle freno a la violencia verbal y física que hoy observamos en adultos.
Quizá cabe aplicar, que se necesita crear, como nosotros los educadores en las escuelas, comités de disciplina, plataformas de mediación, enseñar cómo debatir sin ofender, verificar nuestra información, no divulgar los defectos de otros para atacar, y todo lo demás que esto conlleva para demostrarle a nuestra juventud que no solo se los decimos, sino, además, modelamos el comportamiento a seguir.
La autora es educadora