En Semana Santa, mi mamá nos llevaba al cine a ver películas de “Dios”. Recuerdo especialmente, en el Teatro Central, Jesús de Nazaret de Franco Zeffirelli, y también la gran radio novela, La tragedia del Calvario, que emitían todos los años por Radio Mía. El relato de la vida, pasión y muerte de Jesús, el Hijo de Dios, encarnada por voz e imágenes para testimonio de todos.
Uno de los momentos álgidos del relato es cuando Pilato pregunta a Jesús, tramposamente puesto en manos de los romanos por los judíos, “¿qué es la verdad?”, según lo narra Juan en el capítulo 18:38. Lo peor de Pilato no fue lavarse las manos, fue no quedarse a escuchar la respuesta a su pregunta. El mismo Juan, dice en el 14:6, que la verdad es el propio Jesús.
¿Buscamos la verdad? ¿Estamos dispuestos a encontrarla? Paul Auster abre su novela La invención de la soledad con una frase de Heráclito que me acompaña siempre: “Si buscas la verdad, prepárate para lo inesperado, pues es difícil de encontrar y sorprendente cuando la encuentras”. En este país, con tal de no sorprendernos, hemos renunciado a buscarla para poder seguir viviendo en esta situación insostenible.
Ojalá reflexionemos y comencemos a buscar la verdad que nos libre de estos políticos blasfemos y corruptos, que se llenan la boca de Dios, pero que con sus hechos lo niegan. Ojalá podamos despertar de este sueño de la razón, y nos amanezca el criterio y abandonemos la estupidez ingenua del “robó pero hizo”, consigna de futuros corruptos.
Que la verdad, por muy sorprendente y dolorosa que sea, nos devuelva a la senda que nunca debimos abandonar: la del buen hacer, la de la transparencia y la del hacer sin robar que nos enseña la fe, y recoge la constitución de esta República, la única verdad política y jurídica que debe determinar lo que hacen los funcionarios de este y cualquier gobierno que quiera llamarse “bueno”.
El autor es escritor
