Exclusivo
Fanatismo

¡Qué se vayan! ¡Crucifíquenlos!

¡Qué se vayan! ¡Crucifíquenlos!
¡Qué se vayan! ¡Crucifíquenlos!

El día que moradores de la comunidad de Pacora cerraron la avenida principal en protesta por la presencia de jóvenes estudiantes panameños provenientes de China so pretexto que podían contagiar a la comunidad por el coronavirus, por su presencia en las instalaciones de una escuela de la comunidad, pude ver las noticias de reojo ya que me encontraba de salida para cumplir con unas diligencias. Fue en horas de la tarde, durante el noticiero vespertino, cuando pude apreciar con detenimiento lo acontecido.

Confieso que estaba a la mitad de la cena cuando vi la imagen de una señora con un turbante que decía haber realizado una oración pidiendo a “ Dios” que los estudiantes fueran desalojados por el bien de su comunidad. La señora de marras, con un doble discurso moral, primero dijo que quería mucho a los jóvenes, pero que también quería y mucho más “a sus niños que estudiaban en la escuela”, razón por la cual no estaba de acuerdo con la presencia de los muchachos provenientes de China.

En ese momento, cuando escuché a esta señora, tuve que suspender la cena por la indignación que me causaron sus palabras y por el seguro riesgo de sufrir una indigestión si seguía comiendo. Y es que la “turba”, pues no merece a mi juicio otro calificativo, que trancó las calles de Pacora, me recordaron a una similar que cuenta el Nuevo Testamento en los instantes que pedían a Pilatos la liberación de Barrabás y la muerte de Jesús.

Desde aquel momento, muchos quizás lo ignoran por conveniencia, pero Jesús ha sido crucificado varias veces, como efectivamente ocurrió con los manifestantes de Pacora, que se oponían a la presencia de los muchachos que, según opinión de sus voceros, representaban un gran peligro para la comunidad. Todavía recuerdo los ojos saltones de una manifestante que arengaba: ¡De que se van, se van! Como si se tratara de un montón de desechos tóxicos o animales peligrosos. Se trata del mismo tipo de personas que casi linchan a un cura de pueblo cuando cambió la escultura del Cristo que la gente veneraba para restaurarla, porque la nueva no hacía milagros. Precisamente el mismo tipo de doble moral: gente que asiste a la iglesia todos los domingos, que no comen carne los Viernes santo porque es un gran pecado, que asisten en masa a las procesiones de un Santo que les concedió favores, que invitan a su casa a alguien famoso o con dinero más no a un pordiosero. Son los mismos falsos cristianos que afloran su egoísmo y falta de humanidad cuando sienten que “su pellejo está en riesgo” como lo sintieron los manifestantes de Pacora.

¿Ignorancia? Es muy probable, puesto que la gente no mira las informaciones como debe ser sino la parte sensacional de las noticias. Todo lo que no puede ser explicado con la razón nubla la mente de los incautos y lo lleva a cometer injusticias.

Recuerdo que al día siguiente, algunos funcionarios del Ministerio de Salud trataron de explicar con detenimiento las formas de contagio del virus que tenía aterrados a los manifestantes de Pacora, y también mostraron su pesar por lo acontecido. Pude escuchar al doctor Xavier Sáez- LLorens , columnista de La Prensa y un ateo confeso, expresar su tristeza por la acción de los manifestantes de Pacora. Las palabras del doctor me recordaron la frase del papa Francisco en el sentido de que “es mejor ser ateo, antes que un mal cristiano”. Y dentro de los manifestantes de Pacora estoy seguro que hay muchos que se reclaman como seguidores de Cristo, pero no creo que sea el que murió en la cruz por la humanidad. ¿Acaso Jesús no comió al lado de leprosos como una forma de decirnos que nadie debe ser marginado por su condición de salud o estatus? ¿Acaso Jesús no lavó los pies de sus discípulos como una muestra de humildad?¿ Acaso Jesús no perdonó a la mujer adúltera como una muestra de que todos somos pecadores? Claro. Pero los manifestantes de Pacora prefirieron ver “la paja en el ojo ajeno, antes de ver la viga que había en sus ojos”, pues ese día le echaron la culpa a todo el mundo menos a su mala acción. ¿Tenían miedo? ¿Acaso no saben que el miedo es el producto de un corazón vacío y huérfano de espiritualidad? ¿No saben que ni el dinero ni el orgullo pueden comprar la salud, pues hay un hilo delgado entre la muerte y vida? ¿Qué diferencia puede haber entre la acción de un grupo de gente que estuvo al borde de la histeria por la presencia de unos jóvenes a sus ojos “infectados” por un virus, y el grupo fanático que mandó a asesinar hace poco a unos niños en la comarca? Ninguna.

Definitivamente que la fe fanática no solo mueve montañas, promueve el odio y encuentra en otros la razón para sustentar su desdeño por la vida. Los resfriados atacan nuestro sistema inmunológico, pero, al igual que otros virus, tienen remedios con las medicinas o las medidas higiénicas, pero ante un corazón lleno de egoísmo y maldad guiado por cualquier excusa, definitivamente no hay vacuna que sirva, solo el milagro que produce cuando Dios toca nuestras fibras más sensibles.

El autor es sociólogo y docente panameño


Última Hora

  • 06:11 Santo Domingo 2026: Panamá vence a Dominicana en la madrugada y jugará por el oro del béisbol Leer más
  • 05:51 Newton Williams asiste y Saprissa derrota al Alianza de Adolfo Machado Leer más
  • 05:08 Leo Messi lidera con un doblete la goleada del Inter Miami en la Leagues Cup Leer más
  • 05:01 Ifarhu: lesión patrimonial por auxilios irregulares asciende a $38 millones  Leer más
  • 05:00 Cuando enfermarse cuesta los ahorros de una familia Leer más
  • 05:00 MOP presenta estudio ambiental para ampliar carriles de Mi Bus en vía España Leer más
  • 05:00 Fraude en la DGI: Red criminal puede alcanzar a 50 personas y superar los $40 millones en pérdidas Leer más
  • 05:00 Atrapados en la guerra: los soldados heridos que Rusia vuelve a enviar al frente de batalla con Ucrania Leer más
  • 05:00 La Corte revisará las condenas de Suárez, Francolini, De Obarrio, Samaniego y Moreno Leer más
  • 05:00 Muros con memoria, centinelas del Canal Leer más