Hemos sido testigos de la crisis mundial más fuerte que ha tenido la humanidad en la era moderna. Ha combinado una pandemia con una parálisis de la economía en todo el planeta. Desconocemos la profundidad de los efectos de esta crisis.
Tampoco sabemos la duración de las medidas de distanciamiento social que se están tomando en todo el mundo para combatir el COVID-19. Sin embargo, sabemos que el mundo está invirtiendo aproximadamente el 3% de su PIB , aproximadamente 80 billones [millones de millones de dólares] para ayudar a mover las economías devastadas por esta crisis. En nuestra región, solo Chile está gastando en este momento 4.7% de su PIB (PIB Chile aprox $ 250 mil millones) o sea, cerca de doce mil millones para salvar su economía.
Brasil, (PIB 1.9 billones aproximadamente) 3.5% o más o menos $ 65 mil millones. Colombia 1.5% (PIB $ 330 mil millones) o 5,000 millones, el Perú también 1.5 % (PIB $222 mil millones) aprox imadamente $ 3,500 millones y Argentina 1% (PIB $520mil millones o $ 5,200 millones. La economía panameña se encuentra en niveles de $ 69 mil millones y ha pedido $ 3.8 mil millones (5.5 %), asumiendo que todo se va a utilizar para reactivar la economía.
Ahora bien, el caso de Argentina y Brasil accionan este plan con una deuda cercana al 80 % de sus respectivos PIB y Colombia con el 50%. El gobierno panameño, con los $ 3,800 millones que consiguieron en el mercado externo y $ 1.300 millones más con el aval del FAP, cifras que rondarían el 7.4 % del PIB panameño, pudiese aumentar su nivel de deuda a más del 50%. Parece alto, pero para lograr rescatar la economía y proyectarla a niveles pasados, me parece que vale la pena.
Es lamentable que no se hayan utilizado con prudencia los recursos públicos en las dos últimas administraciones. Hubo derroche del gasto público. Bien manejados, posiblemente, la relación entre PIB y deuda pública hubiese estado cerca o por debajo del 30%, lo que nos hubiese permitido gastar esos $ 5,100 millones, e inclusive apoyar con fondos al IVM de la CSS, manteniendo aun, niveles bajos de deuda.
Ahora, hay que gastar bien. Invertir correctamente. Considero, los esfuerzos deben ser enfocados primero, en estimular la demanda y vitalizar la oferta de los productos que permiten el intercambio que dinamiza la economía. Como lo veo, se debe empezar con los sectores que derraman rápidamente recursos, como el agro, el turismo, el comercio al por menor y la construcción. Los negocios que pertenecen a estos sectores requieren de oxigenación, en muchos casos no reembolsable, que les permita empezar a comprar insumos y pagar planillas. También financiar a largo plazo otras empresas que vieron gravemente interrumpido su flujo de caja y, que, sin ese oxígeno, podrían durar muchísimo tiempo en volver a recuperar su ritmo.
A su vez, debemos respaldar fuertemente a los sectores que más generan, directa e indirectamente, a la economía, para que se cree la productividad necesaria, que nos de los réditos que permitan cumplir los compromisos y volver a ser una economía fuerte. El sector logístico, con el Canal, los puertos, el transporte y almacenaje, el aeropuerto de Tocumen, Zona Libre de Colón, Panamá Pacifico, entre otros. Nuestra economía se asienta en ellos. Debido a los mismos, tenemos la capacidad de crecer mucho más rápido que otros países. Debemos retomar los planes de expansión que fortalezcan nuestra posición de liderazgo regional en estos sectores. Es lo que nos permitirá generar más riqueza, para continuar financiando los otros retos que tenemos. Otro aspecto importante es dar los incentivos necesarios para fomentar el crecimiento de las áreas estratégicas de la economía. Obvio, empezar revisando cuales son los existentes que sirven y cuáles no, para aprovechar al máximo los recursos disponibles.
Todo esto debe ir de la mano con la acción que ejerza el Estado para transformar la educación formal y la capacitación de los profesionales panameños para que sean más productivos y les permita incorporarse a los beneficios del crecimiento. Es fundamental que un buen monto de estos fondos sea utilizado para apoyar a las personas afectadas por esta crisis sanitaria, para así, les sea posible volver a participar en el desarrollo del país.
El MIDES debe agigantarse y perfeccionar su rol de garante del desarrollo humano sostenible de los grupos vulnerables y en este caso, de los profesionales también, que han sufrido mucho por estas necesarias medidas.
Fundamental será el plan de inversiones del gobierno, como política anticíclica, pero, por favor, esta vez examinemos bien el costo beneficio de cada una de estas inversiones. Que una porción buena sea para continuar expandiendo los servicios que prestamos al mundo, pues es la base de la generación de riqueza del país. Se que muchos dirán que esos beneficios casi nunca se ven. Pero el problema no está allí, si no en la forma que tiene el Estado de distribuir estos recursos. Ayudemos todos, políticos, empresarios, trabajadores, sociedad en general, a planear la debida distribución de la riqueza. Corrijamos rumbo.
Ahora, no todo es dinero. También debemos trabajar en disminuir la tramitología y burocracia que nos retrasa la velocidad de acción, sin que esto signifique que relajemos la fiscalización y transparencia.
Continuemos fomentando la inversión privada, tanto extranjera como local, que será fundamental para esta difícil etapa de reactivación económica, pero sepamos dirigir esta inversión a donde mas le convenga a la República. Es nuestro momento. Realicemos las correcciones necesarias y convirtamos esta crisis en nuestra gran oportunidad.
El autor es empresario