La pandemia globalmente alcanza a más de 7 millones de personas contagiadas y más de 420 mil fallecidas. Pero en Panamá, como se pronosticaba, lamentablemente, el rebrote o segunda ola de contagios por la Covid-19 no se ha hecho esperar. Así lo demuestran las alarmantes cifras al 12 de junio, de 19 mil 211 contagios, aumento en personas positivas y 421 fallecidas, a pocos días de eliminarse la cuarentena, de la flexibilización de las restricciones y de la reapertura del bloque 2 de actividades.
Cierto que no podemos vivir en cuarentena permanente. Pero existe mucha irresponsabilidad en los comportamientos individuales que son oportunidades que aprovecha el virus. Se observa que un gran porcentaje de la población no tiene cultura de disciplina, ni respeto a las normas de bioseguridad y protocolos sanitarios. Salieron en desbandada a la cinta costera, a los supermercados; filas inmensas de autos y personas para trasladarse al interior, muchos sin respetar la distancia física o uso correcto de las mascarillas.
Aunque son diversas las causas en el rebrote de los contagios, está determinado en parte por la naturaleza del virus, pero fundamentalmente, por la cultura de la organización social, esto es, el comportamiento humano frente al virus: mantener la disciplina y respeto a las medidas de precaución y prevención.
Frente a este rebrote, a las autoridades sanitarias no les queda otra alternativa que volver a imponer restricciones al movimiento, cercos sanitarios y toques de queda, como se ha hecho para las provincias de Panamá y Panamá Oeste, lugares donde están los 23 corregimientos con mayor cifra de personas contagiadas. Del comportamiento responsable y disciplina ciudadana de las demás provincias, dependerá mantenerse sin restricciones y sin cuarentena.
La Covid-19 es un poderoso enemigo mundial que llegó para quedarse y así será, mientras exista una persona contagiada en el mundo, y en tanto no se cuente con una vacuna o tratamiento efectivo para controlarla. Es importante insistir que de la prudencia y la disciplina en el comportamiento individual, depende la no propagación del virus.
La autora es abogada y escritora