Debido a mi actividad periodística, viajo con regularidad a repúblicas bananeras notorias por su desigualdad. En algunas de estas plutocracias, el 1% más rico de la población se engulle 20% del pastel nacional. Sin embargo, ¿adivinen qué? Ya no hay que viajar a países distantes y peligrosos para observar semejante desigualdad rapaz. Ahora la tenemos aquí mismo, en Estados Unidos, y, a consecuencia de las elecciones de la semana pasada, es posible que empeore.
El 1% más rico de los estadounidenses ahora se lleva a su casa casi 24% del ingreso, en comparación con casi 9% en 1976. Como notó Timothy Noah de Slate en una excelente serie sobre la desigualdad, podría decirse que EU ahora tiene una distribución más desigual de la riqueza que las tradicionales repúblicas bananeras como Nicaragua, Venezuela y Guyana.
Los altos ejecutivos de las compañías estadounidenses más grandes ganaron un promedio de 42 veces más que el trabajador promedio en 1980, pero 531 veces más en 2001.
Quizá la estadística más increíble sea esta: de 1980 a 2005, más de cuatro quintos del incremento total en los ingresos estadounidenses correspondió al 1% más rico.
Este es el telón de fondo para una de las primeras grandes batallas poselectorales en Washington: qué tanto extender los recortes fiscales de Bush para el 2% de estadounidenses afluentes. Ambos partidos concuerdan en extenderlos a los primeros 250 mil dólares en ingresos, incluso para los multimillonarios. Los republicanos también lo harían por encima de esa cantidad.
El 0.1% más rico de contribuyentes recibiría una reducción fiscal de 61 mil dólares por parte del presidente Barack Obama. Obtendría 370 mil dólares de los republicanos, según el Centro de Política Fiscal, no partidista. Y eso proporciona sólo un modesto estímulo económico, porque es menos probable que los ricos gasten sus ahorros fiscales.
En un momento en el que hay un desempleo de 9.6%, ¿no tendría más sentido financiar un programa de empleos? Por ejemplo, el dinero se podría usar para evitar el despido de maestros y así no debilitar las escuelas estadounidenses.
Asimismo, una prioridad obvia en la peor crisis económica en 70 años debería ser ampliar las prestaciones del seguro por desempleo, algunas de las cuales se reducirán pronto, a menos que las renueve el Congreso.
O está el programa de Asistencia al Ajuste de Oficios, que ayuda a capacitar y apoyar a los trabajadores que perdieron el empleo debido al comercio exterior. Ya no se aplicará para los empleados de servicios después del 1 de enero, a menos que intervenga el Congreso.
Así que enfrentamos una decisión. ¿Nuestra prioridad económica son los desempleados o los increíblemente millonarios?