Seguridad social

Rescatando nuestras pensiones: por un país con solidaridad real

Mucho se ha comentado sobre la situación actual de la Caja del Seguro Social (CSS), particularmente sobre su sistema de reparto, el Subsistema Exclusivamente de Beneficio Definido (SEBD) del programa de Invalidez, Vejez, y Muerte (IVM); no es secreto que el mismo se encuentra en una situación crítica en cuanto a sus finanzas. Antes de responder algunas preguntas que deben tener, es fundamental dejar claro dos puntos sobre el SEBD. Primero, el sistema está configurado para una realidad que ya no existe; dejó de existir en el Siglo XX. Y segundo, el esquema presenta muchas similitudes a un sistema piramidal, que está destinado a fracasar por su propia estructura. El primer punto se explica bajo el contexto de un aumento en la expectativa de vida y, consecuentemente, de la cantidad de personas que llegan a la edad de jubilación. Cuando este tipo de sistemas fue implementado por primera vez en el año 1889, la edad de jubilación era de 70 años, y la expectativa de vida rondaba los 45. Por esto, pocas personas llegaban a jubilarse con una pensión, lo cual le permitía al sistema funcionar. La realidad actual es totalmente diferente. La edad de jubilación en Panamá es de 57 para las mujeres y 62 para los hombres, mientras que la expectativa de vida es de 81 y 75, respectivamente, de acuerdo a la OMS. Rápidamente nos podemos dar cuenta de que hay una diferencia entre ambas edades y que, con base en la configuración original de los sistemas de reparto, habría una gran cantidad de personas que obtendrían fondos del sistema, lo cual nos lleva indudablemente al segundo punto. Para que un sistema como este pueda funcionar, se necesitan más personas contribuyendo al sistema que obteniendo dinero del mismo; la relación se puede calcular tomando la tasa de mortalidad, la tasa de natalidad, la participación en la fuerza laboral, distribución de salarios, expectativa de vida al momento de jubilarse, y otros factores que ayudarían a tener proyecciones de ingresos y egresos de los fondos. Si en algún momento la relación entre cotizantes y pensionados se trastoca – como es el caso de Panamá – el sistema empieza a mostrar déficit en sus flujos y, eventualmente, colapsa. Como podrán ver, el mismo funciona igual que cualquier sistema piramidal, o Ponzi, que hayan escuchado.

Pasemos ahora a responder dos preguntas importantes. ¿Cómo salvamos el sistema? Para evitar un estallido social, y basándonos en la premisa de que el último pago bajo el SEBD se debe realizar cerca del 2060, la única forma no invasiva de mantener el subsistema es mediante mayores aportes del gobierno central a su fondo. Digo no invasiva ya que se pudiese sacar un “préstamo” del Subsistema Mixto y posteriormente pagárselo, pero, conociendo la falta de institucionalidad y transparencia que existe en el país, ¿le confiarías el dinero de tu cuenta individual al gobierno en un préstamo?

¿Cómo podemos evitar una crisis parecida a futuro? Cambiando la estructura del programa de IVM, basándonos en las mejores prácticas a nivel mundial. Los países con los mejores sistemas de pensiones, de acuerdo al Melbourne Mercer Global Pension Index, son Dinamarca, Holanda, y Australia. Los tres utilizan un esquema de pilares basado, en resumen, en un pilar de pensión básica universal financiada por impuestos generales; este pilar puede estar sujeto a una prueba de recursos. Un segundo pilar obligatorio de contribución definida a algún plan colectivo o individual – parecido a la cuenta individual del Subsistema Mixto de la CSS – y un tercer pilar voluntario de contribución definida a una cuenta de jubilación individual. Ahora bien, organizaciones como el Banco Mundial y el BID recomiendan estructurar el sistema con cinco pilares, muy parecidos a los tres pilares antes mencionados y añadiéndoles más énfasis en contribuciones a cuentas individuales. Es importante mencionar que, ninguno de los países con un sistema de reparto, puntea de manera alta en el índice. Esto se debe a que sus mediciones en cuanto a sostenibilidad, integridad, y suficiencia – los tres factores que mide el índice - quedan por el piso.

Una de las grandes ventajas de los sistemas que permiten cuentas individuales es que fomentan la cultura del ahorro y de inversiones. Esto crea mayores y mejores oportunidades para emprendedores, permite que existan fondos para la construcción de infraestructura, escuelas, hospitales, y demás proyectos de utilidad para todos. En fin, permite mejorar la calidad de vida de todas las personas, lo cual es el verdadero significado de la palabra solidaridad.

En las siguientes tablas, se presenta un ejercicio sencillo de aportes contra retiros. Se está tomando solamente los aportes relacionados a una persona y luego lo retirado por la misma. No se incluyen en los cálculos ningún tipo de interés devengado sobre los fondos ni aportes realizados por el gobierno, ya que se busca mostrar cuan sostenible sería el sistema solo con los aportes realizados.

Rescatando nuestras pensiones: por un país con solidaridad real
LA PRENSA

Como se aprecia, el SEBD presenta grandes déficit, hasta llegar a un salario de $5,000, mientras que el SM solamente presenta déficit en salarios bajos, el cual se compensa con creces por los excedentes generados por otros salarios. Siendo así, ¿cuál sistema es realmente solidario y sostenible?

Ahora bien, debemos reconocer que la actual configuración del SM puede ser mejorada, cuyo principal problema radica en su tasa de reemplazo (i.e. porcentaje de tu salario con el cual te jubilarías), que puede llegar a estar en 40% del último salario. Debemos reformar el sistema entero de IVM para hacerlo más sostenible, suficiente, e íntegro. Con esto queremos decir que sea sostenible con los aportes que realizan tanto el gobierno como las personas y empresas; que no haya déficit total en el sistema.

El sistema es suficiente cuando ofrece una tasa de reemplazo considerada como “adecuada” (i.e. que provee una jubilación de, por lo menos, 45% a 65% del último salario). Y se considera íntegro cuando tanto el gobierno como los proveedores privados de pensiones (e.g. Aseguradoras, Bancos, AFPs) cuentan con institucionalidad, transparencia en la comunicación (i.e. que se entreguen estados de cuenta a tiempo y de manera clara, que se presenten proyecciones conservadoras y entendibles de futuras pensiones – lo cual evitaría situaciones como las presentadas en Chile, donde las personas no tuvieron suficiente información sobre a cuanto ascenderían sus pensiones al jubilarse, o incluso aquí en Panamá donde la CSS no entrega el estado de cuenta del SM) y que se respete y proteja el dinero que se tiene ahorrado por las personas. Basados en esto, se propone la siguiente macro-estructura para el nuevo sistema de pensiones:

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LA PRENSA

Por todo lo antes expuesto, los que creemos que a través del trabajo y el ahorro se puede mejorar el país, debemos empujar la idea de un sistema de pilares, que nos permita contar con jubilaciones que sean sostenibles, en un sistema íntegro (con institucionalidad y transparencia), y que sea suficiente para permitirnos una calidad de vida adecuada en la vejez.

El autor es miembro de la Fundación Libertad.

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