Nadie teme hoy una guerra nuclear entre Estados Unidos y Rusia, y menos tras la firma, la semana pasada, del nuevo acuerdo de desarme. Nadie teme un choque entre Estados Unidos y China. El peligro, denunciado ya por George W. Bush, es que organizaciones terroristas obtengan en el mercado negro uranio altamente enriquecido y plutonio, necesarios para fabricar explosivos nucleares.
La Casa Blanca sostiene que la hipótesis de una banda criminal robando material nuclear y vendiéndolo a Al Qaeda no es una trama novelesca, sino una posibilidad real. Considerado hasta hace poco por muchos como una exageración que servía para amedrentar al mundo tras los atentados del 11–S, este escenario forma parte desde el martes del consenso internacional.
“La ironía” que señalaba el Presidente de EU sobrevoló el cierre de la cumbre sobre la seguridad nuclear en Washington, que ha congregado a medio centenar de países. Por primera vez la vigilancia del material nuclear se dispersó y los esfuerzos para impedir que caiga en manos de terroristas se han convertido en prioridad internacional.
“Hemos aprovechado la oportunidad”, dijo Obama en una rueda de prensa. “El pueblo americano estará más seguro. El mundo estará más seguro”. Los participantes –entre los que se incluyen Rusia, China, Pakistán e India, pero no a países nucleares como Corea del Norte o sospechosos de querer la bomba como Irán– se comprometieron a tener bajo control todo el material nuclear en un plazo de cuatro años.
Miles de instalaciones civiles y militares, públicas y privadas, algunas insuficientemente vigiladas, en decenas de países albergan uranio altamente enriquecido y plutonio. Algunos cálculos sugieren que en todo el mundo hay material suficiente para crear 120 mil bombas nucleares. Y el problema no acaba ahí. La carrera armamentista entre India y Pakistán agrava el peligro. En especial en el caso de Pakistán, santuario de los talibanes y de Al Qaeda, que ha intentando y sigue intentando hacerse con el arma nuclear, según Obama. También la eventualidad de un Irán nuclear contribuiría al descontrol.
La cumbre concluyó con un comunicado no vinculante que contiene escasas novedades respecto a compromisos anteriores. De un lado, los Estados asumen la responsabilidad de garantizar la seguridad de los materiales nucleares y evitar que actores no estatales obtengan la información o tecnología requeridas para usar este material con objetivos malévolos. De otro lado, aceptan una mayor cooperación internacional para vigilar los materiales de riesgo. El comunicado reconoce el papel de la industria privada, y recomienda a los Estados convertir reactores que funcionan con uranio altamente enriquecido –que sirve para fabricar armas nucleares– a reactores con uranio de bajo enriquecimiento.
Lo novedoso es haber colocado la seguridad nuclear en la agenda internacional. Lo novedoso, también, es el acento multilateral del documento, la conciencia de que, en solitario, EU poco podrá para prevenir un ataque de Al Qaeda u otro grupo.