El tambor de la pistola se hace girar con una bala en la recámara. Se lleva el arma a la sien y se aprieta el gatillo. Dinero fácil. Muerte fácil. Y la sensación de contener toda la vida y toda la muerte en un solo disparo, coloca al apostante suicida en una posición de semidios.
Cuando un gobierno descuida la reputación de sus instituciones haciendo un mal uso de ellas, hace rodar el tambor del revólver de la paciencia de los ciudadanos.
Se juega todo a una bala que dispare la violencia, que sumada a la desesperación y al hartazgo por tanta corrupción y desidia, provoca protestas cuya represión termina añadiendo más dolor del que estamos padeciendo.
Lo hemos dicho más de una vez: el deterioro de la confianza en las instituciones, que representan los políticos, genera violencia y desestabiliza la democracia. Un gobierno que abusa de la paciencia del pueblo se expone a cometer dos grandes errores: el uso de la violencia para reprimir las protestas y la normalización sistémica de la corrupción para mantenerse en el poder. De allí a la dictadura, dictablanda o dictadura con cariño, hay un pequeño paso.
La represión que hemos visto en estos días, nos hace recordar la dictadura militar y la desproporción y el abuso de aquellas fechas para olvidar. En esa época, las protestas estudiantiles fueron amenazadas con ser disueltas a toda costa, por órdenes de arriba, igual que ahora, porque los antimotines no salen por su cuenta a dar manguerazos, reciben órdenes de sus responsables. Igual que ahora.
La desproporción y el abuso (incluso sexual) no son manera de proceder contra la ciudadanía, que reacciona contra la actitud de sus representantes políticos que siguen jugando a la ruleta rusa. Lo malo, es que están jugando su peor variante: la que hace girar el tambor del revólver y pone el cañón en la sien de otro, es decir, nosotros. Lo dicho: dinero fácil. Muerte fácil.
El autor es escritor