En “Barry Lyndon”, obra del maestro del cine moderno Stanley Kubrick (historia original de W. Thackeray, S. XIX), el protagonista Redmond Barry cabalga hacia Londres y en una posada observa a unos fulanos sonrientes, quienes lo saludan engañosamente. Él, joven ingenuo -lleva una bolsa con dinero dado por su madre y tío- prosigue su camino; luego los mismos tipos lo asaltan y dejan sin dinero ni cabalgadura, dando inicio a la odisea tema del relato. Hago entonces paralelo con la situación ciudadana actual en Panamá, en que nosotros los votantes, escogemos con verdadera ingenuidad a aquellos que luego de llegar al poder, asaltarán sin misericordia las arcas del estado.
Que no pretendan ofenderse quienes que hoy ocupan posiciones en los 3 Poderes del Estado: Ejecutivo, Judicial y Legislativo. Hasta la náusea se publican en los medios, redes sociales, etc., los salarios altísimos que reciben estos funcionarios, por su propia designación, sin que haya una escala salarial establecida. Fui empleado canalero, nuestros sueldos se basaban en la escala Federal de los Estados Unidos: los ingresos iban en base al nivel de responsabilidad, desde sencillas labores manuales hasta las de mayor compromiso y decisión, proporcionalmente. No ocurre esto en nuestra pequeña República, donde existe un abismo infranqueable entre dichos sueldos astronómicos y la dura realidad de la gran mayoría de los panameños. El copón como decía una tía querida, son los exageradísimos ingresos de los ejecutivos de la A.C.P.: revisando la escala federal actual, en el distrito capital de Estados Unidos, el nivel más alto GS-15, Paso 10, luego de 10 años en tal posición, es de $15 mil al mes -el salario del Administrador del Canal de Panamá es casi el doble. ¿Para eso se sacrificaron los mártires?
Por ello, sin rodeos podemos darnos cuenta de que lo que tenemos en las esferas gubernamentales, son burdos salteadores de caminos, como en la mencionada película. A ver, señores del gobierno, quién les da derecho a ustedes a auto-complacerse con remuneraciones exorbitantes, ¿acaso no son uds. “servidores públicos”? De este desastre económico, en el sentido de la tremenda desigualdad social que desencadenan, no se escapan los uniformados, quienes también gozan de tremendos privilegios salariales. No faltarán quienes defiendan a capa y espada sus sinecuras, prebendas y canonjías, diciendo “y qué quieren, que trabajemos por dos reales”. Tales expresiones mueven a risa amarga, considerando que de hecho, ni trabajan, ni hacen mejorar las condiciones de vida de la mayoría de los panameños y panameñas.
¿Ahh, se ratifican en sus abusos salariales? ¡respondan! sin tratar de enredarnos con leguleyadas, subterfugios, mendacidades que les caracterizan. Contesten: en comparación con los estipendios dionisíacos para ustedes, ebrios de poder, qué magros emolumentos reciben los empleados públicos, los obreros, los jubilados, los educadores, las secretarias, los médicos, las enfermeras, los locutores, los periodistas, los contadores, los músicos, los conductores, los jardineros, los artesanos, los cocineros, los ayudantes, los dibujantes, los dependientes, etc.
El autor es ciudadano

