PREVENCIÓN.

‘Con la salud no se juega’

“Con la salud no se juega”, es una frase típica del panameño enfermo; nunca del sano, quien es el único que podría expresarla en toda su extensión. La enfermedad es la negación de la salud. El único momento en que podemos decidir jugar o no con la salud es cuando la tenemos, cuando gozamos de ella. Una vez que enfermamos, debemos adherirnos a una serie de medidas y tratamientos para intentar restablecer la salud.

Los problemas recientemente publicados en la prensa sobre trasplantes, falta de recursos para atender a los pacientes con enfermedades cardiovasculares, de la falta de presupuestos para los hospitales, jamás podrán ser satisfechos si no se adoptan medidas serias y permanentes a fin de prevenir las enfermedades crónicas y sus secuelas.

Veamos el caso de la hipertensión arterial: lo ideal es que todos gozásemos de una presión arterial normal y estuviésemos viviendo con hábitos y dieta adecuados y no consumiendo la dieta típica nuestra, rica en todos los elementos necesarios para convertir a cualquiera en hipertenso; esta fase es de prevención primaria y es en la misma en que podemos decidir a no jugar con la salud. Una vez que somos calificados de hipertensos, dejamos de ser sanos y pasamos a la fase de pacientes con una enfermedad crónica; a fin de evitar las complicaciones de la hipertensión arterial, prevención secundaria, debemos vivir con hábitos y dietas propios de esa condición, ya que de lo contrario sufriremos las complicaciones de esta enfermedad. De sufrir una complicación de la hipertensión arterial, digamos una enfermedad vascular cerebral, debemos además vivir con hábitos y dietas propios de esta nueva condición, como podría ser el evitar las úlceras en la piel que son frecuentes, ya que es posible que no podamos quizás caminar o movernos ni ágil, ni adecuadamente, prevención terciaria. En la medicina curativa estamos condenados a ver más y más y más pacientes con condiciones crónicas; no habrá cuadros básicos, ni presupuestos institucionales ni nacionales capaces de satisfacer este monstruo insaciable que es la demanda por servicios de atención por morbilidad en las instalaciones de salud. En otras palabras, podremos utilizar todo el presupuesto destinado para la ampliación del canal en la atención de pacientes, compra de medicinas y equipos, para descubrir quizás en un periodo menor que una década que no tenemos canal y que los problemas de salud no solo no han sido resueltos, sino que habrán empeorado.

El barco insignia de las autoridades de salud, debe ser la prevención, la lucha contra la obesidad, la hipertensión arterial y la diabetes, sin olvidar todos los esfuerzos que se realizan con las vacunas, en la lucha contra el dengue, la malaria, la tuberculosis, en fin, contra la pobreza y la ignorancia.

Independiente de lo que hagan las autoridades de salud, somos cada uno de nosotros los únicos que podemos decidir a no jugar con nuestra salud.


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