¡Feliz Navidad! es la frase que repetimos con vehemencia durante el mes de diciembre, llenos de ese espíritu de amor y buenos deseos para amigos y familiares. Expresamos el renacer de esperanzas con adornos navideños; un lindo santa, luces, regalos y ... ¡ah… la cena! Tiempo que tomamos para pasar en familia y celebrar con amistades.
¿Cómo vería usted que el día de su cumpleaños todos sus familiares y amigos se vayan a celebrar y usted se quede solo en casa? Siendo honestos, eso es lo que pasa el 24 de diciembre a la medianoche y amanecer del día 25. Nos hemos olvidado de lo que celebramos, no es al señor panzón llamado Santa Claus que trae los regalos, como tampoco el deber de pasar una noche de juerga.
Lo que se celebra es la Natividad de Dios encarnado en un cuerpo humano, tal como lo describe San Pablo en su epístola escrita desde una cárcel romana en el año 61 d. C., dirigida a la comunidad cristiana en la ciudad griega de Filipos cuando les dice: “El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios.
Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el nombre, que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es señor para gloria de Dios padre”. (Filipenses Cap. 2 http://www.es.catholic.net/biblia/).
Aunque mi escrito le parezca religioso, porque el tema de Dios solo nos parece atractivo cuando estamos en dificultades y necesitamos un milagro, recuerde que celebramos el nacimiento del salvador del mundo, el que hizo posible que la humanidad tuviese una oportunidad, a pesar del pecado original de una naturaleza caída. Porque el ser humano por más que se esfuerce no ha logrado llegar a ser Dios, pero Dios se hizo hombre, se rebajó para sacarnos del pozo de la desesperación como lo dice el salmista y elevar nuestra categoría.
No permita que Jesús siga siendo el intruso el día de su propio cumpleaños, invítelo a que entre en su casa, en su hogar, en su corazón; permítale que la verdadera Navidad llegue en esta fecha. Los seres humanos, por naturaleza, desean hacer y deshacer sin que alguien le diga cómo, sin embargo vivimos en una sociedad con principios y reglas; el marco jurídico de un país está sustentado en las normas recogidas en la constitución, los códigos y leyes. Así también en asuntos de fe, la nuestra encuentra su base legal en los libros históricos, proféticos, poéticos, evangelios y cartas acopiadas en la Biblia. Lea su marco legal, no sea que deseando ser acepto a Dios, vaya a toda velocidad en sentido opuesto a su voluntad.
