El Informe Estrategia del Control Internacional de Narcóticos que publica el Departamento de Estado de Estados Unidos en el primer trimestre del año y que evalúa los esfuerzos de los países en la guerra contra las drogas, es una herramienta de control político de las políticas internacionales contra el tráfico de drogas ilícitas y pretende llamar la atención a los gobiernos que no cumplen con esa función. En muchos casos, el Departamento de Estado califica usando la herramienta de la certificación de drogas como elemento unilateral de ese control político internacional, posibilitando la negación de ayudas en los bancos de desarrollo; haciendo un lobby en contra de los países señalados; y sobre todo, estigmatizándolos a través de una especie de oprobio internacional sin fijarse en sus propios problemas como el alto consumo interno, el blanqueo de capitales, la producción de insumos químicos y fabricación de armas.
El mecanismo nació en la primera administración de Ronald Reagan, quien logró estructurarlo nacional e internacionalmente e incluso promoverlo dentro de las Naciones Unidas como la estrategia mundial contra los narcóticos. Era una respuesta clara y de alguna manera continuista de la famosa guerra contra el opio de Richard Nixon, que a su vez también seguía el camino y los postulados del prohibicionismo contra el alcohol y el tabaco. El gobierno de Nixon, quizá por sus propias graves crisis políticas, enfrentó el problema de soslayo y no tuvo tanto impacto como sí la ha tenido la generación reaganiana de políticas prohibicionistas de los 80 hasta la fecha. Este informe que no es de suyo desacertado por su naturaleza jurídica, podría generar mucha mayor cooperación de los Estados en contra de los narcóticos y no debería enfrentar a los gobiernos estadounidenses de turno con los latinoamericanos que son los que más sufren dicha calificación.
En este sentido, en décadas pasadas Colombia y México han sido decertificados en el citado informe y se han afectado las relaciones internacionales de estos países y con ello, no se han disminuido la producción, el tráfico, la violencia, y el consumo. Pero sí se han incrementado los presupuestos en Estados Unidos y de casi todos los países del mundo en esta guerra contra las drogas. La producción de drogas ilícitas ha aumentado y desfocalizado, las operaciones de interdicción son mucho más eficaces y regulares; caen y caen alijos de drogas ilícitas mensualmente en Panamá; miles de personas siguen muriendo en una espiral de violencia en Colombia en un conflicto armado interno alimentado por negocio mundial; se detienen miles de personas al año en todo el mundo y el fenómeno en vez de disminuir parece que aumentara como si fuese la pescadilla que se come la cola.
Por otra parte, lo que más se podría cuestionar en este informe es ¿por qué no se califica la producción de insumos químicos que se usan para hacer todas esas fatales drogas, por qué no se decertifica el consumo interno; por qué no a la banca internacional donde paran lo millones de dólares y euros que genera este producto en el mercado libre; por qué no se sanciona la corrupción de las grandes empresas que siguen obteniendo ganancias bajo la mesa en la venta de armas usadas en el mundo por grupos armados ilegales que cuidan cultivos y caletas; por qué se quiere desestabilizar la política interna de nuestras débiles democracias; por qué siempre se extradita hacia EU y no viceversa; por qué el informe se hace unilateralmente y no se ha tenido en cuenta el MEM, Mecanismo Evaluativo Multilateral, propuesto hace un par de años por la OEA?
Estas interrogantes dan esperanza y niegan la realidad porque evidentemente es otra y quizá se den algunas respuestas desde EU cuando expresan su interés de mantener la ayuda humanitaria y militar y en contradicción disminuyen la del desarrollo en América Latina, ¿será que para EU la guerra contra las drogas está perdida desde sus inicios prohibicionistas y que molesta no detentar sus ganancias y su producción legal? ¿Será que este informe es un round fuera del cuadrilátero de las negociaciones con Panamá y el TLC? ¿Habrá algún interés de crear un clima de inestabilidad a nivel internacional del Estado panameño en sus formas de control no sólo en el tema de los narcóticos y el blanqueo de dinero sino de su propia forma de gobernar? Definitivamente este informe como el último Informe Mundial de Drogas de las Naciones Unidas no analiza lo fundamental de este fenómeno que tanto daño hace a la población mundial y que seguirá haciendo si no paramos de dar vueltas en un mismo punto.
