En un estudio publicado recientemente por el Instituto Gorgas, en el cual traza la ruta de la supuesta llegada del virus COVID-19 a Panamá, dicen que el virus se transmitió de manera “OCULTA” desde el mes de febrero de este año, esa información fue un secreto a voces para la mayoría de las personas que se mantenían pendientes de la situación.
Esta información como hemos mencionado, no sorprende a los que desde un inicio seguimos el comportamiento de la pandemia a nivel mundial, mencionamos y seguimos sosteniendo que el caso de Panamá, ha sido uno de los perores casos en cuanto al manejo eficaz de una crisis, y aunque; la mayoría de las personas insista en que no es el momento de buscar culpables si no salir de la crisis, tenemos el derecho de saber a quienes, por su negligencia le debemos las muertes que estamos teniendo y los que tendremos a futuro.
Resulta indignante que después de cinco meses de lucha incansable por parte de todos, lo único que se escucha decir es que “la población es la culpable por no respetar las medidas”, nos aplicaron una cuarentena parcial, total, nos cercaron y restringieron la movilidad social de manera ilegal, inventaron medidas absurdas, y cuáles fueron los resultados, mas contagios y más muertes, son incapaces de aceptar sus improvisaciones al culpar a la población, una población indefensa que tuvo que pasar hambre y sigue pasando, esperando a que ellos se organicen.
El aspecto fundamental de esta odisea, radica en el hecho de que es la población organizada es la única que puede poner un alto a estas situaciones, todo el mal manejo de esta crisis pareciera una situación planificada, porque de no ser así, cuál es el grado de responsabilidad que tienen los que debieron actuar de manera preventiva, cuál es el grado de responsabilidad que tienen los mal llamados “ASESORES”, que ostentan grandiosos salarios casi de manera gratuita, porque no se sabe qué papel desempeñan en realidad, a quien asesoran y cómo lo asesoran.
Por otro lado, está el número 1, que fue elegido por la una tercera parte de los votantes, un 33% de la población, cuál era el rol que debía tener como máxima figura política del país, él, como presidente tuvo en sus manos la formula para haber evitado toda esta desgracia que nos ha tocado vivir, y por lo visto seguiremos viviendo.
Dicen que no se puede vivir del pasado, pero desgraciadamente quien no conoce el pasado está condenado a repetirlo, de esta frase podemos decir que es probable que sí conozcan el pasado, y lo repiten porque les puede generar los resultados que esperan, tal vez especulo, pero, si es evidente la negligencia del manejo de la crisis.
Se otorgaron poderes para el manejo de presupuestos financieros ante la situación, se construyeron hospitales que no se han utilizados aún, se detuvieron compras con sobrecostos porque hubo denuncias, de lo contrario se habrían comprado y nada habría pasado, se han recibido préstamos y donaciones millonarias de diferentes organizaciones y gobiernos, la gran pregunta es, qué se ha hecho con todo ese dinero.
Si esta crisis se hubiese manejado de manera seria y responsable por el presidente, y los que tenían en su momento la responsabilidad de asesorarlos desde antes de los carnavales, porque el descontrol inicia en ese periodo, si se hubiesen suspendido esas fiestas y hubieran puesto toda la atención en “asegurar el perímetro”, nuestras fronteras; la realidad de hoy sería la de otros países que sí hicieron lo políticamente correcto.
La duda metódica es, si la crisis se hubiera manejado de la forma más eficaz posible, si se hubieran tomado los controles necesarios en todos los puntos del país, si los pacientes encontrados positivos por el virus se hubieran aislado desde el principio, si el apoyo de las brigadas de médicos extranjeros se hubiera pedido como lo hicieron muchos países en el mundo, ¿nuestra realidad no sería distinta el hoy, cinco meses después?
No existe otra respuesta, si hubiera sido distinta, la única diferencia es que no se habría podido manejar de manera casi incontrolable el presupuesto, tampoco habríamos causado tanto dolor y sufrimiento a miles de familias panameñas que han perdido seres queridos, también las actividades económicas habrían iniciado con mayor seguridad.
Reza otro sabio refrán, “No hay peor tonto que el que quiere ver”, nadie conoce con exactitud hasta dónde llegará esto, lo que sí es cierto es que aún no va a terminar, también es cierto que la sociedad va a despertar y va a pedir en las calles a los responsables de esta desgracia porque si hay culpables.
El autor profesor y activista social