"Cristo Jesús, siendo de condición divina no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres, y apareciendo en su porte como hombre se humilló a sí mismo obedeciendo hasta la muerte". Con esta palabras recoge San Pablo lo que para el mundo cristiano representa la conmemoración de la Semana Santa, pero particularmente el Viernes Santo.
Lo que nos diferencia de nuestros hermanos judíos y musulmanes no es únicamente la creencia en Dios uno y trino sino que los cristianos profesamos la firme convicción de que la segunda persona de la santa Trinidad se hizo hombre, es decir se encarnó para rescatarnos y salvarnos de la muerte eterna.
Los pueblos celebran el día de su independencia y las acciones heroicas de sus líderes. Los cristianos celebramos que la entrega de Jesús a la muerte fue el mayor acto de amor para salvar a la humanidad. Y que llegará el día en que todos los hombres comprenderemos que somos hijos de un mismo padre y en consecuencia hermanos. Jesús, el Cristo, vino de parte del Padre a enseñarnos este mensaje. El amor puede más que el odio y la vida está por encima de la muerte.
Para los cristianos el Viernes Santo es una conexión de hechos que se inicia el jueves en la tarde y que se corona con la vigilia del sábado santo en donde celebramos con gozo la resurrección de Cristo. Si él no ha resucitado vana es nuestra fe y vana la razón de la Iglesia. De manera que llegamos al domingo de resurrección por el viernes de la pasión. En otras palabras, no hay gloria sin cruz.
El Viernes Santo es el único día en el calendario de la Iglesia católica en que no se celebra la eucaristía porque el centro de la adoración es el misterio de la cruz; que por sus llagas y crueles heridas expuestas en la cruz brotó la salvación. "Eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba". Él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. Él soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados". (Isaías 53, 45).
Entendemos que habrá muchos que no creerán en esta noticia, como no creyeron en sus milagros, aun cuando eran patentes y extraordinarios como sería la resurrección de Lázaro, quien llevaba cuatro días en el sepulcro. Y es que para los que no creen ninguna explicación será suficiente. Lo mismo que para el que cree ninguna explicación es necesaria.
Concluimos que la celebración del Viernes Santo es un acto de fe en la persona más revolucionaria, taumaturga, sabia, misericordiosa y santa que ha pisado esta tierra, Jesús, el hijo de Dios vivo es para el que cree en él, Emmanuel, dios con nosotros.
La mejor forma de vivir la celebración de este día es recogiéndonos y meditando la pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo, con un profundo agradecimiento a aquel que de tal manera nos ha amado y entregado a su único hijo en el árbol de la cruz para alcanzarnos la salvación. Nuestro augurio en este Viernes Santo es una feliz Pascua de Resurrección para todos ustedes.
