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Festividades

Sin querer ser Grinch...

El personaje del Grinch es parte de un libro publicado por Dr. Seuss en 1957. Es un humanoide con cara de gato, cuerpo con forma de pera y color verde aguacate, que odia los sonidos de la navidad, al punto que intenta robarle la navidad al pueblo que año tras año lo martiriza con villancicos. Por eso, el término Grinch se usa para referirse a quien no le gustan las navidades, los adornos, los villancicos y el espíritu navideño.

Por mi parte, como he dicho muchas veces, la navidad es mi época favorita del año. No por nada místico ni religioso, sino porque es la fiesta familiar por excelencia. Desde que tengo memoria, nos reunimos toda la familia, para rememorar los últimos doce meses, con lo bueno, lo malo y lo feo que hayan podido tener. Lo importante es compartir todos juntos.

Pero este año, el sentido común indica que el día de la madre, la navidad y el año nuevo no deben, de ninguna manera, incluir reuniones familiares, besos, abrazos, regalos y reuniones. Las condiciones que nos impone la pandemia de Covid-19, obligan a ser mucho más cautos y evitar situaciones que nos pongan en riesgo. Todos tenemos padres, tíos, abuelos o bisabuelos que pertenecen a grupos de riesgo y que debemos cuidar evitando el contagio.

Nuestras estadísticas de casos, hospitalizaciones y defunciones están en el máximo de toda la pandemia. Tan solo esta semana, se llegaron a diagnosticar dos mil nuevos casos en un solo día, lo cual significa uno de cada dos mil panameños enfermos solo en veinticuatro horas. Los hospitales están saturados, el personal de salud agotado y el número de pacientes aumentando.

Con estos números, no tiene sentido buscar culpables y apuntar con el dedo a quien debió hacer las cosas de otra manera. Durante un naufragio, es absurdo ponernos a regañar al que quitó el tapón del fondo del bote. Lo primero es salvar a todos los que se pueda, y luego ver por qué pasaron las cosas. Por eso, cuando las autoridades del Minsa salen en televisión a regañarnos, me parece infantil. Lo que hay que pensar es cómo resolver el problema.

La cuarentena estricta que se dio al principio de la pandemia, si bien no era sostenible de forma indefinida, es un hecho que contribuyó a aplanar la curva de contagios. Solo busquen la gráfica correspondiente. Ahora, se hace necesario tomar decisiones drásticas, que permitan detener de alguna manera el incremento descontrolado que vemos día tras día.

A los médicos se nos hace imposible poner objetivos económicos o comerciales por delante de salvar enfermos. Y entiendo perfectamente que los gremios empresariales tengan el deber de analizar ante todo el impacto económico. Sin embargo, debe ser el gobierno (no solo el Minsa) quien tome las decisiones que definan un balance.

Sin embargo, es importante tomar en cuenta hechos puntuales que incrementan mucho el riesgo de contagio.

1. El virus no entiende de geografía y, después de Capira, infecta igual que en la ciudad. Mucha gente se va a la playa y descuida las precauciones como si el virus estuviera de vacaciones.

2. La casa es un lugar seguro, siempre y cuando nos mantengamos en el círculo cerrado de quienes viven en ella. Sé de personas que, sin salir de la casa, tuvieron que traer un plomero para una reparación. El plomero se mantuvo con mascarilla, pero los residentes de la casa no, pues el lugar era seguro. Resultado, el abuelo murió de Covid-19 dos semanas después, sin haber salido de la casa.

3. La burbuja familiar son quienes viven en la casa. Los tíos, primos y sobrinos, si no viven allí, son tan peligrosos como un desconocido. Vienen de otro ambiente y pudiesen estar infectados.

4. Hacer graduaciones, primeras comuniones, bodas, cumpleaños o almuerzos navideños, es una irresponsabilidad. Ese cuento de “es que los muchachos tienen que vivir ese momento especial” es una tontería. De repente, también vivirán el momento especial del entierro de sus padres o abuelos.

Esta semana, le envié a varios grupos de amigos un video donde alguien que vive en Shangai explicaba por qué ellos están haciendo vida prácticamente normal en China. El secreto, un sistema tremendamente estricto de cuarentena de 14 días y una trazabilidad absoluta de todos los que entran a China. Uno de los que recibió el video contestó: eso dura diez minutos, no tengo tiempo para verlo. Le contesté que seguramente si tienen que meterlo en cuidados intensivos, el tiempo será un poco más largo que los diez minutos.

Pueden llamarme Grinch, pero este año no debemos celebrar la navidad como estamos acostumbrados. Mejor vemos fotos de celebraciones anteriores, y seguramente el próximo año podremos volver a celebrar todos juntos como siempre. Seamos responsables…

El autor es cardiólogo


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