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Sobre el salario del administrador del Canal

Al parecer se está haciendo costumbre en Panamá cuestionar el salario de los funcionarios del Estado, buscando poner en entredicho el monto salarial, sin entrar a considerar la competencia que se requiere para el cargo y la responsabilidad que conlleva ejercerlo.

Tal es el caso del actual administrador del Canal, cuyo emolumento ha sido cuestionado por diferentes sectores, algunos con el único fin del ataque personal o político. Dicho salario, según mi parecer y experiencia empresarial, debería ser de al menos 50,000 dólares al mes, si lo comparamos con cargos similares en el plano internacional, particularmente el mundo marítimo, o con lo que gana un buen ejecutivo radicado en una ciudad de Europa o Asia, que gana mucho más.

En un país plagado de tantas desigualdades de ingreso económico, resulta normal que un salario superior a los dos mil balboas sea catalogado por el común de la población como 'jugoso', cuando desde la realidad de la responsabilidad y del poder adquisitivo y la calidad de vida, ya no es así. Por eso, resulta dañino el dejarse llevar por la corriente que intenta mostrar como algo pecaminoso un salario de varios miles, sin analizar cada situación con seriedad y profundidad.

El caso de Ricaurte ‘Catín’ Vásquez es su generis: primero, era el mejor candidato al puesto, probado por el trabajo ya realizado en dicha institución, y sometido a un profuso escrutinio de capacidad y aptitudes por parte de una empresa especializada que fue contratada por la directiva del Canal para medir las habilidades de los candidatos al puesto. Además, hay otros trabajadores que devengan altos salarios en dicha institución como, por ejemplo, los pilotos del Canal; salarios todos merecidos no solo por el trabajo que desempeñan, sino por su eficiencia y el prestigio que dan a esa organización, que nos enorgullece a todos los panameños.

La cifra en cuestión, de 14,000 dólares mensuales más 12,000 de gastos de representación, no supone una exageración si tomamos en cuenta las responsabilidades que exige el cargo de Administrador del Canal, los salarios que se pagan en el mundo marítimo y las navieras, y los sueldos de varios miles que se pagan en empresas locales o los que el Estado paga a directores de entidades menos complejas y de mucho menor jerarquía que el Canal de Panamá, y que no aportan, como la vía acuática, miles de millones a las arcas del Estado.

Las críticas mezquinas que han aflorado no son más que eso: mezquindades, hechas por personas que, posiblemente, algunas no han podido distinguirse profesionalmente y que están acostumbradas a servirse de salarios que no merecen por su mediocridad laboral.

Cuestionar el emolumento del mencionado funcionario por intereses mezquinos, no le hace nada bien a la imagen del Canal ni al país. Sembrar la duda con fines aviesos, es un acto carente de toda seriedad y sentido laboral y cívico. Y más que el salario en sí, la preocupación debe centrarse en la escogencia de los funcionarios de alto perfil de manera transparente y asegurándose que tengan el conocimiento, las aptitudes, la idoneidad profesional y la honestidad que se requieren para el ejercicio de un puesto público, sobre todo en un país como el nuestro, en donde proliferan la corrupción, la deshonestidad y el juegavivo, convertidos ya en carta de naturaleza en casi todos los últimos gobiernos.

Hay factores de mayor importancia que deben ser analizados y requieren mayor respeto en la designación de un salario elevado en un funcionario público de alto perfil, tales como: quién lo establece o autoriza y qué parámetros se han usado para fijarlos. Considero que el Administrador del Canal debe recibir un salario cónsono con sus responsabilidades y con los activos que maneja. Por ello, soy de la opinión que el salario fijado para el Administrador del Canal debe ser superior al fijado recientemente por la Junta Directiva actual y nunca debe ser inferior al que gana, tal vez, el gerente general de la más pequeña de las navieras usuarias del Canal.

En lo que no estoy de acuerdo es que el salario lo fije la Junta Directiva de la institución, lo cual puede resultar en que aparezcan signos o señales de amiguismo y corrupción. Si algo habría que cambiar sería el sistema y uso de los gastos de representación, que muchas veces pasan en su totalidad a manos de su beneficiario. Dichos gastos deben usarse según la necesidad y tipo de cargo que requiera o no gastos de representación, con la debida sustentación amparada en facturas, y devolver la diferencia que no se haya usado. Salvo esto, no habría que objetar un céntimo del salario que percibe o percibirá el administrador del Canal.

El autor es periodista


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