El femicidio transfóbico refiere al asesinato de mujeres transgénero o transexuales, perpetrado por uno o varios agresores, motivados por el odio que le provoca la identidad transgénero de la víctima, porque la lógica del agresor le indica que estas personas quebranta las normas binarias sexuales socialmente aceptadas.
Podemos decir que el transfemicidio es el continuum de violencia contra las mujeres trans que inicia con la exclusión del hogar, de los sistema de salud, educación y trabajo; que orilla a estas personas a vivir con el riesgo permanente de ser asesinadas por esta causa.
El transfemicidio alude una modalidad compuesta a la propia semántica del término, pues expone a la situación de la víctima y su manifestación en la construcción social imperante, aun cuando un Estado no reconozca plenamente los derechos de las personas trans, pues la doctrina, incluido el modelo de protocolo latinoamericano de investigación de las muertes violentas de mujeres por razones de género reconoce esta característica en las víctimas de femicidios, dando respuesta a las realidades en el contexto de cada país.
En Panamá, podemos hablar en términos, incluso, de transfeminicidio, pues en el caso de las mujeres trans, no solo hablamos del asesinato de mujeres trans por el hecho de ser tales, sino en Panamá vivimos un conjunto de acciones y/o omisiones que constituyen formas continuadas de violencia que en ocasiones no acaban con la muerte violenta de la mujer trans, sino que a estas se le suman acciones u omisiones agresivas judiciales, periodísticas y sociales que se continúan en el tiempo de formas simbólicas diversas expresando elementos de odio contra las mujeres trans que niegan su identidad aun después de su muerte.
Esta negación tiene implicaciones profundas en las estadísticas nacionales de femicidios, pues no contabiliza apropiadamente estos casos y, por tanto, se falla como país al permitir atentar violentamente contra integridad, salud, libertad e identidad de las mujeres trans asesinadas, pero, principalmente, como sociedad, perdemos datos importantes que desprotegen a sectores vulnerables de esta y de futuras generaciones.
Tanto el femicidio como el transfemicidio mantienen el mismo objetivo; amparar los derechos humanos de reconocimiento de la identidad del individuo, aun después de su muerte, como parte de la obligación integral de los Estados de prevenir y castigar los crímenes de género.
La autora es abogada, máster en derecho penal y docente


