El gobierno de Japón estudia “clausurar” la central nuclear de Fukushima en otra prueba de la impotencia que provoca la falta de avances para controlar la radiactividad, que ayer alcanzó máximos en las aguas próximas a la central (con concentraciones de yodo 131 superiores 3 mil 355 veces al máximo legal).
Hoy se cumplen tres semanas de la tragedia y no hay perspectivas de un control efectivo de los seis reactores, según la propia compañía. “No estamos en una situación en la que podamos decir que tendremos bajo control la central nuclear dentro de un determinado período de tiempo”, admitió el portavoz del Gobierno, Yukio Edano.
Los síntomas de impaciencia de muchos sectores financieros, internacionales y de la propia población japonesa se notaron en Tokio. Además de anunciar nuevas medidas de seguridad en las 55 plantas nucleares del país que se adoptarán sin necesidad de cerrar ninguna, el Gobierno baraja la nacionalización de Tepco (la Compañía Eléctrica de Tokio, propietaria de Fukushima) y esta parece resignada a acatar lo que le venga, estoicismo obligado por sus limitaciones sobre el terreno, sus irregularidades descubiertas en el cuidado de la central, en los planes de previsiones, su mala gestión informativa del accidente.
Cuando se le preguntó sobre la posibilidad de desactivar la central para siempre, Yukio Edano esgrimió: “Está muy claro desde el punto de vista de la sociedad. Esa es mi percepción”. El presidente de Tepco, Tsunehisa Katsumata, que ha sido hospitalizado por su elevada presión sanguínea, no se deja ver en público desde el pasado día 11. Su segundo, el vicepresidente Masataka Shimizu, afirmó: “No tenemos otra opción que la de cerrar los reactores del 1 al 4 si miramos objetivamente sus condiciones”. Son los que siguen sin tener operativo el sistema de refrigeración mientras desprenden radiactividad al aire y al mar.
Los frentes de la crisis nuclear se multiplican. Muestras de agua recogidas el martes a 330 metros de la central nuclear tenían una concentración de yodo radiactivo superior en 3 mil 355 veces, lo que parece confirmar las filtraciones procedentes de los conductos de combustible de los reactores. Un portavoz de la Agencia de Seguridad Nuclear, Hidehiko Nishiyama, reiteró que no hay riesgos para la salud de la población, ya que no hay pesca en la zona y, además, la radiactividad se diluirá significativamente cuando llegue a las especies marinas y estas puedan ser consumidas. De momento, los japoneses no han caído en el pánico y la venta de pescado no ha registrado descensos significativos.