La pandemia ha acrecentado un problema que nos persigue desde hace muchos años: el desempleo juvenil. Los jóvenes nos enfrentamos a diversos obstáculos al intentar ingresar al mercado laboral. Son retos que nos causan impotencia y tristeza, producto de la incertidumbre. Luego de haber pasado años en un sistema educativo, que, en teoría, debería prepararnos para poder acceder a trabajo decente, nos damos cuenta que es otra la realidad.
Al momento de intentar insertarnos en el mundo productivo, nos encontramos con una realidad desalentadora. Nos solicitan requisitos, competencias y habilidades que todavía no tenemos. Uno de esos requisitos es tener experiencia laboral previa, algo casi imposible de lograr mientras se cursa una carrera universitaria debido a la escasez de pasantías y empleos de medio tiempo, que nos permitan trabajar y estudiar a la vez. También se nos solicitan competencias y habilidades que estamos pendientes de adquirir, pues no se nos brinda en nuestra educación formal.
Vivimos en la Cuarta Renovación Industrial que nos exige nuevas habilidades para ingresar al mundo productivo como lo son el pensamiento creativo y sistemático; la resolución de problemas; la toma de decisiones eficaces; el manejo de herramientas tecnológicas; y la creatividad. El gran problema es que el sistema educativo y las universidades no promueven el desarrollo de estas competencias y habilidades. Recibimos educación desactualizada, que no responde a las necesidades y expectativas de la sociedad. Aunque existen cursos y programas que pueden compensar esta falta de competencias y habilidades, existen limitaciones de costos y escasez de cupos que impiden a muchos acceder a estas oportunidades. La solución evidente sería actualizar los currículos universitarios y fortalecer las exigencias del perfil y del desempeño de los docentes universitarios. Ello permitiría que todos los jóvenes, sin importar su realidad socioeconómica o el contexto donde se desenvuelven, puedan insertarse en el mundo productivo.
Es desalentador el panorama al que nos enfrentamos. Según datos del Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales (CIEPS), el 52.8% de los jóvenes entre 20 y 29 años que trabajan, no cuentan con cobertura de seguro social; y el 22.4% trabaja de manera independiente. El número de jóvenes quienes, a pesar de contar con un trabajo, no tiene cobertura de seguridad social es alarmante. Es evidencia de la precariedad de la oferta de empleo juvenil. Más alarmante aún, es, según el estudio, la brecha salarial existente entre los jóvenes con cobertura de seguro social versus quienes no la tienen. La diferencia era de un 160% a marzo de 2019.
En nuestro país existen leyes que, en teoría, fomentan y protegen nuestro acceso al mundo del trabajo. Un ejemplo de ello es la la Ley 121 de 30 de diciembre de 2019, que crea el proyecto “Aprender haciendo”. Le corresponde al Ministerio de Trabajo y Desarrollo laboral (MITRADEL) implementar y ejecutar esta iniciativa, a través de la Dirección de Empleo, para contribuir a la disminución de la tasa de desempleo en jóvenes entre 17 y 24 años, mediante pasantías laborales en un entorno empresarial amigable, supervisado y guiado por especialistas en empleabilidad. Ejecutar esta iniciativa es importante.
El desempleo juvenil existente no solo perjudica a los jóvenes, sino también genera un elevado costo socioeconómico que representa una amenaza para la sociedad, advierte la Organización Mundial del Trabajo en su Reunión 101 ª.
Es hora de tomar medidas contundentes y certeras que puedan dar solución a este gran problema que nos afecta a todos, a fin de evitar que incida en nuestro futuro. Publicaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) indican que el desempleo en la juventud compromete permanentemente su futura empleabilidad y genera patrones inadecuados de comportamiento laboral para toda la vida.
La evidencia sugiere que el futuro laboral de la juventud se determina desde el presente. Si no es factible hoy desarrollarnos plenamente en lo laboral, es previsible una futura crisis social y una generación frustrada. Rompamos con este pronóstico. Ofrezcamos formación adecuada y oportunidades para insertar en el mundo del trabajo a nuestra juventud.
La autora es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación

