Me atrevo a decir que en Panamá, a pesar de tener un clima tropical tan cambiante, nunca hemos tenido que declarar un estado de emergencia nacional por huracanes, terremotos o erupciones volcánicas. Considerada una tierra bendecida, Panamá se escapa a la actividad de las placas tectónicas y volcanes activos del “Cinturón de Fuego” el cual comienza en el Norte, sigue por Centro América hasta Costa Rica y comienza de vuelta en Colombia. Vivir en un país donde llueve 9 meses al año y abunda el agua, nos permite hacer uso de este recurso para generar energía eléctrica y hacer funcionar de manera eficiente un Canal que une océanos.
Nuestro privilegio no acaba con el clima. Si comparamos cifras sociales, nos encontramos entre los cinco países de menor violencia en América Latina. Somos un pueblo noble, tal como lo mencionó el papa Francisco en su visita. Tenemos libertad de credo y no somos racistas.
Gracias a que por más de 100 años hemos contado con una economía dolarizada, no tenemos que sufrir repentinos y exorbitantes aumentos de precios. Pese a momentos polémicos, los servicios han sido un motor de crecimiento estable y efectivo al evitar fuertes fluctuaciones de precios internacionales provenientes de exportar materia prima.
Prácticamente todos los países latinoamericanos han desarrollado sus economías explotando su potencial agrícola o minerales de su suelo. Panamá es una excepción al desarrollar una economía moderna basada en servicios.
Aprovechando nuestra posición geográfica, nos convertimos en un centro logístico regional importante y mantenemos un buen ritmo de crecimiento de puertos a orillas del Canal, atendiendo actualmente alrededor de 14 mil buques que transitan anualmente por la ruta interoceánica.
“Un Miami latinoamericano”, “una Singapur hispanoparlante”, “un Hong Kong con panameños” son algunas de las expresiones usadas para describir lo que busca ser este país en su papel de nodo económico internacional de primer orden.
Entre las principales actividades se encuentran los servicios financieros, turísticos y logística, los cuales representaron el 91% del PIB en el 2017. Eso nos lleva a entender por qué contamos con un desempleo estimado (aún no contabilizado por las encuestas) de alrededor de 400,000 personas, 16% de la población económicamente activa durante la pandemia de la Covid-19.
Al enfrentarse a la Covid-19 nuestro gobierno se ha asesorado con los mejores técnicos nacionales e internacionales. “Panamá siempre ha ido un paso adelante”, asegura Gerardo Alfaro, el representante de la Organización Panamericana de la Salud en el país, en una entrevista con Noticias ONU. Una de las claves ha sido iniciar las pruebas diagnósticas rápidamente. “Nos ha permitido muy tempranamente confirmar y descartar casos… no tenemos que convencer a las autoridades porque ya están plenamente convencidas… Panamá está usando los equipos de pruebas para el SIDA y la tuberculosis para correr pruebas de coronavirus que dan resultados en media hora. En el país hay 25 equipos para análisis de sangre PCR en tiempo real, unos aparatos que pueden detectar microorganismos patogénicos, identificar alérgenos, localizar organismos genéticamente modificados y diagnosticar rápidamente un caso de Covid-19. Los equipos fueron distribuidos por todo el país, incluyendo zonas remotas y comarcas indígenas. Al mismo tiempo el Ministerio de Salud está adquiriendo reactivos para obtener pruebas rápidamente en lugares apartados”-
Sin embargo, la burocracia y lentitud en aplicar procedimientos que permitan organizar con tiempo el regreso a las actividades comerciales es lo que podría traer mayor desempleo y cierre de empresas.
Colocando en una balanza, lo positivo y negativo de la situación, esta se inclina hacia la parte positiva. Surge nuestra oportunidad de convertirnos en el país con mayor crecimiento a nivel regional. Se puede lograr ya que será menos pesada el ancla que habrá que jalar.
Todas estas regalías sumadas nos hacen sentir efectivamente, como privilegiados; por eso nos cuesta prescindir de algunos de esos privilegios obligados por la pandemia. Y claro que nos manifestamos y luchamos por conservarlos.
Si bien es cierto que los seres humanos somos capaces de superar cualquier cosa, no podemos volver a nuestra rutina como si nada hubiese ocurrido porque no es un proceso tan instantáneo. Es en épocas difíciles cuando podemos sacar enseñanzas valiosas que den sentido al dolor vivido. Si creemos y luchamos por la vida saldremos invictos. Para ello es importante no regresar nunca más a un modelo que nos llevó al abismo mientras nos llenaba de objetos innecesarios, deudas e individualismo. Tiene que imponerse la vida, y lo material y simbólico que la sustenta para que seamos mejores en todas las áreas después de esta pandemia.
Muchos sobreviviremos. Cómo lamentaremos o cómo celebraremos dependerá de lo que hagamos en los meses venideros. Si demostramos gran solidaridad en tiempos de separación extrema no sólo seremos sobrevivientes, sino que podremos manejar una relación más cercana y productiva.
Si analizamos lo dicho, entenderemos que somos afortunados…somos privilegiados.
El autor es presidente de Relojín
