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Advertencias

SOS Minsa

Cuando las cosas se hacen bien, hay que destacarlas con el mismo énfasis con que se cuestiona lo que se hace mal. Me parece lo justo. Además, hay que entender que esa costumbre tan panameña de personalizar todo, es un terrible error. Que en un momento dado, yo cuestione lo que pueda hacer el gobierno, o lo que haga o diga alguien en relación al manejo de la pandemia, no significa que tenga animadversión ni que “odie” al presidente, al ministro o a quien sea que de una opinión. Hay que aprender a separar las discusiones académicas y de criterio, de los aspectos personales. En el mundo científico y académico, esto se ve constantemente. Dos expertos pueden tener una acalorada discusión sobre un tema puntual, y al terminar se van a cenar o a tomar un café juntos. Una cosa no tiene que ver con la otra. Esto, desgraciadamente, no es frecuente en nuestro medio.

Esta columna la alternamos Xavier y yo cada domingo. El hecho de que uno manifieste públicamente ser no creyente, ha generado que las opiniones que podemos emitir en cualquier tema sean descalificadas automáticamente. Espero estas descalificaciones no lleven a nadie a suspender medicamentos para la presión arterial, o las vacunas de sus hijos contra el sarampión.

Pero volviendo a lo bien hecho, el jueves de esta semana se publicó una noticia realmente positiva. El Minsa hizo pública una advertencia sobre los riesgos del consumo de dióxido de cloro como tratamiento para el Covid-19 o cualquier otra enfermedad. La notificación, que se hizo a través de la Dirección de Farmacias y Drogas, explica de manera detallada los efectos adversos potencialmente mortales, que puede presentar quien lo ingiera, independientemente que lo haga de forma directa o diluido en jugos cítricos.

El dióxido de cloro es un desinfectante industrial, que en ningún momento fue diseñado para consumo humano. Se usa para el tratamiento y cloración de aguas, pero no sirve para tratar Covid-19 ni ninguna enfermedad en el ser humano.

Esta recomendación del Minsa se basa en una advertencia de la FDA de Estados Unidos publicada en abril, donde llaman la atención sobre los peligros de comprar esta sustancia por internet y usarla para tratar pacientes con Covid. Los sitios que la venden la llaman MMS o solución mineral milagrosa. Un consejo: cuando alguien trata de venderles una medicina que incluya en su nombre la palabra “milagrosa”, mi consejo es que huyan en dirección contraria, sin preguntar nada más.

El único pero -porque siempre hay un pero- es que el Minsa haya demorado cinco meses en hacerse eco de la advertencia de la FDA. En ese tiempo, las redes sociales en Panamá no solo han hablado del tema, sino que le han hecho abiertamente propaganda, de la mano de otra truculenta conspiración donde la industria farmacéutica trata de ocultar que esta cosa sirve para curar enfermos.

Ya Panamá tuvo su terrible experiencia con el dietilenglicol. Es importante que nuestras autoridades hagan estas notificaciones de forma expedita, para evitar que haya personas expuestas a los riesgos inherentes a lo que cualquier irresponsable decide promocionar en redes sociales.

Y hablando de controles del Minsa, hago mención de otro tema muy preocupante que vimos esta semana y que debe llamar a la reflexión. No es posible que en redes sociales se promocione dónde y cómo comprar medicamentos sin receta, e incluso que se recomienden dosis y formas de uso, por parte de personas que, de medicina, sus intervenciones han demostrado que solo saben enfermarse. Eso es muy peligroso, y las autoridades de salud deberían controlarlo para evitar casos que lamentar.

La dichosa hidroxicloroquina, si bien es un medicamento que se ha usado por años, no es lo mismo dársela a pacientes crónicos, que a personas afectadas por Covid-19, que en más de un 60% llegan a presentar datos de miocarditis o inflamación del músculo cardíaco, y que los hace particularmente propensos a desarrollar arritmias. Además, ya hay reportes de alteraciones psiquiátricas en pacientes que la tomaron para Covid-19. Así que eso de que “es inocua”, es un cuento.

Si un médico quiere recetarle a su paciente un medicamento que no tiene evidencia sólida de utilidad en ninguna fase de Codi-19, es su decisión y puede hacerlo bajo su responsabilidad. Pero las autoridades sanitarias, y ojalá las sociedades médicas (solo lo han hecho dos hasta ahora) y las universidades (todas guardan silencio), deberían advertir del riesgo que, personas sin la formación ni la idoneidad para dar tratamientos, lo hagan alegremente a través de medios masivos. Es peligroso para los pacientes, al margen de que, permitirlo, denota poca seriedad de parte de las autoridades llamadas a regular y orientar sobre el manejo de una pandemia.

El autor es cardiólogo


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