Hoy nos estamos preparando para continuar enfrentando la enfermedad. En mi concepto, existen solamente dos fases durante esta epidemia viral. La fase de carencia de información y la informada.
Una vez superada la fase de falta de información, y le llamo así ya que no es lo mismo que desinformación, que de paso está muy presente y de moda, que consiste en la difusión de información errónea, sin comprobación científica y a veces mal intencionada, para la cual las redes sociales son un medio de transmisión casi tan virulento como el propio germen que nos aflige.
En esta etapa en que la biología del microorganismo, así como de la enfermedad que produce, es mucho mejor conocida que apenas unas semanas atrás, el diagnóstico y tratamiento temprano de los pacientes y su vigilancia epidemiológica nos permiten resultados más efectivos de manera que la gravedad del cuadro clínico es menor en severidad y cuantía. Por lo tanto, menor cantidad de casos requieren de hospitalización y del uso de la unidad de cuidados intensivos y dependencia de ventilación mecánica.
Estando ya en la fase de información no podemos pretender continuar con medidas restrictivas severas y generales de circulación de la población ya que, si recordamos, aplanamiento de la curva significa dilatar en el tiempo el contagio de la enfermedad y así evitar el colapso de nuestro sistema de salud. Sin embargo, pareciera que tenemos memoria corta y ahora pretendemos que el virus haya desaparecido al salir de nuestros hogares.
Si bien es cierto que la salud y bienestar público privan sobre los derechos individuales, vivimos en un estado democrático, en el que existen libertades individuales, sin olvidar que nuestros derechos terminan en donde empiezan los del vecino, las consecuencias socioeconómicas también traen secuelas que pueden ser tan graves como la enfermedad viral que nos afecta profundamente.
La carencia de recursos económicos trae como consecuencia la incapacidad para la adecuada alimentación y adquisición de medicamentos, que para algunos son básicos en el control de sus enfermedades crónicas “controlables” por lo que, al ser descontroladas por falta de tratamiento básico, traen a su vez otros problemas serios de salud y ni hablar de los problemas mentales que están llevando, desafortunadamente, hasta el suicidio de algunos.
Por todo lo indicado, es mi opinión que debemos reanudar nuestras actividades lo más pronto posible considerando que toda decisión en nuestras vidas debe tomar en cuenta la relación riesgo beneficio que en este caso varía con el tiempo.
Hasta que no se cuente con una vacuna eficaz y con seguridad probada, no podremos volver a nuestro modus vivendi y esa espera es insostenible.
Finalmente, mi recomendación sería utilizar la información que ya tenemos y darle uso al tiempo, que nuestras autoridades sanitarias utilizaron durante la cuarentena, para preparación del sistema de salud y estar listos.
El autor es médico