¿Alguna vez te has fascinado con los lanzamientos de Spacex? ¿Quieres conocer más del universo? Cómo joven, yo sí. Un día de 2020, encontré en una red social fotos de chicos construyendo y lanzando cohetes en 2019. Resultó ser que se trataba de una prueba de la Olimpiada Panameña de Ciencias Espaciales (OliPaCE). Descubrí en internet que las inscripciones ya habían cerrado. Lejos de desanimarme, me sentí muy afortunada. Era la oportunidad perfecta para involucrarme en actividades que integran la física y la matemática, más allá de lo que se enseña en el colegio. Podría incursionar en otras áreas del conocimiento, como la astronomía y la astronáutica. La decisión fue evidente: comenzar a prepararme para las próximas olimpiadas.
Al analizar el temario me pude percatar que desconocía la mayoría de los temas. Muchas veces no sabía por dónde iniciar: sobraba material en internet y abundaban los términos desconocidos. Una vez inició el periodo escolar fue cada vez más difícil separar tiempo para proseguir con mi preparación. Muchas veces me desanimaba porque no lograba cumplir el cronograma que me había planteado.
Se acercaba el día de la prueba de preselección. Sólo 45 estudiantes clasificarían para participar en los “retos”. Recibí un correo electrónico revelando la lista de preseleccionados.
¡Sorpresa! Allí estaba mi nombre. Mi compromiso de prepararme para los “retos” de la OliPaCE fue aún mayor . En esa semana, realicé una prueba individual de conocimientos; una prueba observacional; una prueba grupal de conocimientos, y una prueba de cohetería. La dinámica de trabajo fue bonita y espontánea. En las pruebas grupales se evidenció la importancia del trabajo en equipo. Cada quien contribuía desde lo que conocía.
Así, logramos enlazar los diversos aportes para resolver el reto. Quedamos satisfechos con el trabajo realizado.
Dediqué la mayor parte de la semana de receso escolar a las actividades de la OliPaCE. No sentí que hubo presión ni cansancio. Disfruté cada prueba y cada taller. Aquello me dejó muy feliz: había conocido una nueva pasión que me hacía perderme por horas, presa de la curiosidad sobre lo que el cosmos quiere que descubra sobre él.
Culminados los retos, llegó la hora de escuchar los resultados. Con asombro, recibí la noticia que era merecedora de una medalla de bronce. Cuando vi mi nombre en aquella lista, olvidé que la premiación continuaba. Estaba ya maravillada con los resultados, cuando mi madre me dice “¡Sofi, allí estás tú!” Quedé atónita: formaría parte del equipo de cinco chicos que representaría a Panamá ante la Olimpiada Latinoamericana de Astronomía y Astronáutica (OLAA), con sede en Perú. Se avecinaba un nuevo desafío que necesitaría mucho más esfuerzo.
Para la OLAA, recibimos una capacitación magistral en el Observatorio Astronómico de Panamá, donde pude despejar muchas dudas. Me sentí más segura de mi preparación. Conocí a gente maravillosa, astrónomos aficionados que comparten su conocimiento con todo aquel que tenga ganas de aprender y a quienes agradezco por eso. A pesar de no contar con un profesor que me guiara, sé que podía recurrir a esos amigos que me regaló la Astronomía.
En la OLAA, las pruebas que más disfruté fueron las grupales. Pude compartir con chicos de Colombia, Perú, Paraguay, Chile, Nicaragua y El Salvador. Más allá de contactarnos para realizar las pruebas, conocí sus objetivos e intereses, muy similares a los míos. Me alegró saber que algún día podríamos colaborar como profesionales en las ciencias espaciales.
La OliPaCE me permitió soñar con un futuro en el espacio y la OLAA me hizo darme cuenta del potencial y del interés que tienen jóvenes de Panamá y de Latinoamérica para lograr el desarrollo de la región en el mercado espacial. Anhelo que ese futuro se materialice en Panamá a la brevedad. Es imprescindible que nuestro país participe de la economía espacial global y apoye iniciativas que fomenten el interés por estas áreas. La industria espacial demanda cada vez más la participación de personas preparadas: los jóvenes panameños también deberíamos tener la oportunidad de participar en el descubrimiento del universo.
La autora es egresada del LLAC 2021
