Una de las tareas más importantes de cualquier empresa es la supervisión, porque de ella dependen los resultados esperados en la planificación del trabajo. Hablar de supervisión educativa es referirse a un conjunto de acciones que requieren ver el proceso educativo en forma integral.
El texto único de la Ley 47 de 1946, Orgánica de Educación, con las adiciones y modificaciones introducidas por la Ley 34, de 6 de julio de 1995, en su capítulo VIII establece tres niveles de supervisión en el sistema educativo panameño: nacional, regional y local, este último se refiere a los directores de los centros educativos.
Es frecuente escuchar el siguiente cuestionamiento: ¿dónde están los (as) supervisores (as) para atender las acciones académicas que requieren los docentes panameños? El mismo es expresado por los docentes, padres y madres de familia y estudiantes, quienes solamente conocen al supervisor de la especialidad, cuando surge algún problema en el desempeño educativo y que requiere de un especialista para su solución.
Como la educación es un tema de todos los panameños, vemos que entidades gubernamentales y no gubernamentales, asociaciones de maestros y profesores, universidades públicas y privadas, dan lineamientos para programas y proyectos educativos sin tomar en cuenta la presencia de la estructura de supervisión, responsable de entrar al aula de clases y obtener resultados reales.
Igualmente, ha sido reiterativa la poca valoración de este personal por parte de las autoridades del Ministerio de Educación, quienes, generalmente, utilizan a los (as) supervisores (as) en acciones administrativas que, en muchas ocasiones, pueden ser realizadas por cualquier otro funcionario técnico.
Como supervisora de educación de muchos años de servicio en el sistema educativo oficial, he tenido que realizar funciones que se alejan de una verdadera supervisión educativa. Desde 1994, el personal de supervisión del Ministerio de
Educación ha presentado a las autoridades de turno varias propuestas para una supervisión innovadora y eficiente; sin embargo, estas han caído en oídos sordos, ojos ciegos y bocas mudas. Estas nunca han sido consensuadas ni evaluadas.
Mi experiencia me ha llevado a la convicción de que las autoridades que asumen el liderazgo de la cartera educativa no tienen claridad de la relevancia e importancia que reviste la supervisión en el proceso educativo, a pesar de que la Ley 34 dedica todo su capítulo VIII a este tema.
Esta realidad, dura y pesimista, hace que el (la) supervisor (a) sea duramente cuestionado en sus funciones, porque producto de esta desvaloración prevalece la falta de una verdadera política educativa "no partidista".
Además, los supervisores que se jubilan no son reemplazados de acuerdo a las normativas legales, y su escala salarial no ha sido revisada desde el año 1957, es decir, hace medio siglo.
Con el alto costo de la vida los supervisores (as) perciben un salario muy bajo, mientras que jugosos aumentos se conceden a funcionarios con funciones menos relevantes.
Los supervisores nacionales y regionales están impedidos de cumplir con sus funciones en algunas áreas urbanas y rurales, debido a que la suma que reciben para su movilización es irrisoria, totalmente en desacuerdo con los altos costos del combustible.
Los gobernantes hacen alarde de los millones que se destinan a la educación, la inversión en recursos, capacitaciones nacionales e internacionales, creación de programas y proyectos con alcance en su período de gestión, pero en ningún momento se han detenido a considerar el fortalecimiento de la supervisión educativa, como el agente dinámico, asesor, orientador y el verdadero evaluador de la calidad de la educación.
Por ley, es el supervisor quien entra al aula de clases y puede dar fe de los resultados de los proyectos educativos.
La supervisión en el sistema educativo es el eje que impulsa las acciones de mejoramiento y perfeccionismo del currículo; su papel fundamental es el de determinar situaciones, descubrirlas y emitir juicios sobre cómo debe procederse en cada caso, es el mejoramiento de todo el proceso enseñanza-aprendizaje.
Le corresponde entonces al supervisor (a) asegurar que una persona o un grupo de personas realice una buena tarea, su guía debe inspirar constantemente al personal para que se ejecute el trabajo de común acuerdo.
Sin duda, la calidad de la enseñanza está asegurada cuando se apoya en estrategias de supervisión pertinentes y eficientes. La buena enseñanza no puede depender solamente de los buenos docentes o de la fortuna, es entonces cuando la supervisión educativa se impone como órgano interesado en el desempeño de la escuela, para que la acción de ésta mejore constantemente y los buenos resultados estén garantizados de manera objetiva y científica.
