En Panamá, las mujeres conquistamos la ciudadanía hace apenas 65 años; es decir, el derecho a elegir y ser elegidas. La pregunta es: ¿por qué no fue en 1903 cuando nos decretamos país libre y soberano? ¿Qué pasó, quiénes tomaron esa decisión?
Para esos tiempos, también “existían las vindicaciones femeninas”, por lo que asumir que las circunstancias históricas hacían buenas tales “decisiones” no justifica la exclusión de las mujeres en ámbitos políticos, económicos y sociales.
Nos costó 43 años ser ciudadanas, pero seguro todavía incompletas, ya que los resultados electorales siguen sin beneficiar a quienes somos la mitad de la población panameña.
Se ha presentado una propuesta para modificar el Código Electoral en la cual se incluye la paridad política como mecanismo de representación, las voces argumentan: inconstitucional, crea fuero y privilegio, pero el fuero y privilegio histórico lo ha tenido para sí el género masculino, y bien defendido.
Otro argumento es: por qué hacerlo obligatorio, si nos excluyeron en el Código Electoral de 1904, construyéndose códigos políticos sin nosotras, todavía en 1946 se “otorga” el derecho al sufragio a la mujer.
Desde 1997, existe una ley de cuotas que no se cumple, no tiene mecanismos de obligatoriedad y la han pisoteado sin piedad quienes tienen que asegurar su cumplimiento y quienes deben cumplirla.
Se argumenta que se burla la voluntad del electorado, colocando en algún lugar privilegiado a las mujeres; que cara dura puede decir que las mujeres no buscamos votos, lo hacemos con éxito para otros, ahora nos toca a nosotras.
Quienes eligen en una primaria son los inscritos en los partidos políticos, un círculo cerrado de electores o un minúsculo grupo de convencionales que regularmente aceptan con obediencia debida las órdenes de quienes realmente tienen la decisión final, la elite de los partidos (no son las mujeres). El temor a la paridad política no es más que el miedo a compartir el poder. La presencia de las mujeres ha impulsado el reconocimiento a la violencia doméstica, a la igualdad de oportunidades, a la salud sexual y reproductiva, a eliminar el sexismo de la educación y a la defensa de los derechos humanos.
La autora es fundadora del Foro Nacional de Mujeres de Partidos Políticos.

