Era el hogar de un profesor musulmán de religión, pero él estaba acumulando más que las copias del Corán. Su casa estalló este mes en una estruendosa explosión que echó por tierra buena parte de su poblado y pudo oírse a 10 kilómetros de distancia. La policía reportó que el profesor almacenaba explosivos, cohetes, granadas y chalecos para ataques suicidas.
Pero quizá lo más desalentador fue que su arsenal, al parecer destinado a ataques terroristas, no estaba en las áreas tribales del noroeste de Pakistán, donde el talibán y la red Al-Qaeda han conducido operaciones desde hace ya largo tiempo. Más bien, estaba en la porción sur del Punyab, el corazón paquistaní.
La explosión fue un recordatorio de lo que algunos conocen como la “talibanización progresiva”, incluso en áreas de Pakistán lejos de donde suelen desarrollarse los combates. Al parecer los militantes están poniendo en juego al país entero, y esta es una de las razones por las cuales Pakistán debería ser el principal desafío de política exterior del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
Considérenlo de la siguiente manera: sería terrible que Afganistán o Irak se vinieran abajo, pero sería una catástrofe impensable que Pakistán con entre 80 y 100 armas nucleares, quizá llegara a descender al caos.
Incluso aquí en Karachi, el pragmático centro comercial del país, los extremistas han asumido el control de algunos barrios. Un documento de la policía paquistaní bajo la categoría de “ultra secreto”, que me entregó un paquistaní preocupado por la proliferación de tentáculos de yihadíes, asienta que agentes del talibán (hermandad) a veces montan retenes armados en uno de dichos barrios en la localidad.
“Estos militantes generan fondos a través de actividades criminales como el secuestro para luego cobrar el rescate, robo de bancos, robo armado en las calles y otros abominables crímenes”, lee el informe.
El alcalde de Karachi, Syed Mustafá Kamal, confirma que integrantes de la tribu pashtún han prohibido la entrada de forasteros a ciertos barrios. “Yo soy el alcalde, y tengo a tres vehículos de la policía acompañándome. Además, ni siquiera yo puedo entrar a estas áreas, ellos me harían volar por los aires”, aseguró Kamal, agregando: “Pakistán enfrenta condiciones críticas”.
Lala Hassan, integrante de la Fundación Aurat, que trabaja sobre temas sociales, dijo: “no hay duda, la militancia está aumentando día con día, no solamente en Karachi sino a lo largo de Pakistán”.
En este viaje, también viajé al sur del Punyab y lo encontré mucho más agobiado por los problemas que en mis viajes previos al área. Algunos locales de música y escuelas femeniles han sido amenazados por fundamentalistas, comentaron residentes de la localidad. En la ciudad de Bahawalpur, hogar de un notorio militante, mi intérprete me pidió que ni siquiera saliera del vehículo.
El diario Daily Times de Pakistán describió la situación como el terror anda suelto en el sur del Punyab.
Sin embargo, es probable que los militantes se hayan excedido. Su brutalidad, incluido el azotamiento de una joven adolescente ante una gran muchedumbre, ha impactado y alienado a muchos paquistaníes. Así que es tan solo posible que la marea esté regresando a consecuencia de ello. Una encuesta entre paquistaníes que fue divulgada este mes por WorldPublicOpinion.org encontró que un tercio de ellos creía que el talibán se proponía ganar el control de la totalidad de país, pero 75% pensaba que eso sería un mal resultado.