"Siempre que pensamos que el problema está allí afuera, este pensamiento es el problema", o sea, que si pensamos que lo que está afuera tiene que cambiar antes que cambiemos nosotros o nosotras entonces nos paralizamos interiormente. Por eso se traduce aquí un relato bíblico con la historia de José. La Biblia narra que éste fue vendido por sus hermanos a la edad de 17 años como esclavo en Egipto. José trabajo sobre el ser. Y al cabo de poco tiempo estaba a cargo de la casa de Putifar y de todo lo que Putifar tenía, por la confianza que supo despertar en él.
Pero, después José cayó en una situación difícil y se negó a comprometer su integridad. Como consecuencia fue encarcelado injustamente durante trece años y trabajó para tener y se olvidó de ser, y pronto estuvo a cargo de la administración de la cárcel y finalmente de toda la nación egipcia, solamente subordinado al faraón. O sea, es más fácil culpar a los otros u otras por nuestra propia situación de estancamiento. Pero somos responsables y por eso tenemos "habilidad de respuesta", de controlar nuestras vidas y de influir poderosamente a nuestras circunstancias trabajando sobre el ser, sobre lo que somos.
La actitud de regañar, acusar, criticar simplemente hace que nos acerquemos más hacia nuestras nuestras propias flaquezas. Podemos ser felices y aceptar lo que está más allá de nuestro control, mientras centramos nuestros esfuerzos en las cosas que podemos controlar.
Ahora, si bien somos libres para elegir nuestras acciones, no somos libres para elegir las consecuencias de esas acciones. Vivir en armonía con los principios tiene consecuencias positivas. Violarlos determina consecuencias negativas."Cuando uno recoge la punta del palo, también recoge la otra". Ojalá que al recoger no nos equivoquemos de palo.
Somos libres para elegir nuestra respuesta en cualquier situación. Hay que reconocer el error y corregirlo. Nuestra respuesta a cualquier error afecta la calidad del momento siguiente, por eso es importante admitir y corregir de inmediato nuestros errores, para que no tengan poder sobre el momento siguiente y para que volvamos a tener el poder.
Establezcamos una meta y trabajemos para alcanzarla con coraje y con fuerza para aceptar más responsabilidades por nuestras propias vidas y así, poco a poco, nuestro honor es más importante que nuestro estado de ánimo. El conocimiento, la capacidad y el deseo están dentro de nuestro control y con los tres equilibramos nuestras acciones.
Nos preocupamos solo por tener y consideramos entonces el carácter que poseemos en los acontecimientos ordinarios de la vida. Ante un tráfico y ante los tranques. Ante un estudiante encolerizado. Ante una chica desobediente. Ante un piedrero amenazante. Ante todos los problemas de negligencia. Ante los ruidos de la calle. Allí centramos nuestras energías y allí debemos tener mucho cuidado con el lenguaje que usamos.
He aquí unas cuantas lamentaciones del tener y no del ser:
Si tuviera dinero me sentiría contento o contenta…
Si tuviera un presidente que no fuera tan idealista le demostraría cómo ser realista…
Si tuviera una pareja que no fuera tan impaciente lograría tener éxitos en mi empresa...
Si tuviera un niño o una niña más obediente… Si tuviera un doctorado… Si tuviera más tiempo… Si tuviera un yate… Si tuviera un edificio… Si tuviera más fama… Pero no tengo nada de esto y entonces ¿cuándo seremos más parte de la solución y no del problema? Con tantas lamentaciones, NUNCA.
Dar gracias por lo que somos y por lo que tenemos, es vivir en tiempo de Cuaresma.
La autora es educadora
