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Todo lo malo

Todo lo malo
El pueblo ha protagonizado protestas en los últimos días contra las reformas electorales y la corrupción. Archivo

Sigue aumentando la indignación. Mientras, por un lado, los panameños cada vez manifiestan más y más su incomodidad contra la clase política (miren que es irónico hablar de “clase” con esa gente), ellos siguen haciendo méritos para merecerse cada caricatura, meme, tuit o mensaje que circula en las redes, cuestionando sus acciones. Aunque a todos los niveles del gobierno hay algo de qué quejarse, sigue siendo la Asamblea la que acumula la mayor cantidad de reclamos.

Lo peor de todo es que cuanto más se queja la gente, más cinismo muestran, pues se sienten protegidos por un sistema que a lo largo de muchos años han ido blindando para que, pase lo que pase, los favorezca.

La diferencia es que todo ha surgido por la manera tan descarada como los diputados han tratado de desbaratar sin ningún reparo los consensos de la Comisión Nacional de Reformas Electorales, producto del trabajo de un año, complicado por las condiciones que impuso la pandemia. Ese ejercicio de modificar las reglas de la contienda electoral después de cada elección es una de las pocas rendijas que deja la ley para perfeccionar uno de los aspectos básicos de la democracia.

Sin embargo, los diputados ven eso mismo como la oportunidad que tienen para tratar de dañar más el sistema, con el único objetivo de perpetuarse. Desde liberar las donaciones de campaña, eliminar controles dando opción a que cualquier delincuente pueda donar para luego exigirles prebendas, hasta evitar que se les pueda cuestionar o incluso prohibir que se mencione sus nombres sin pedir permiso.

Pero esta semana, mientras los ciudadanos se organizaban para demostrar la indignación contra los diputados, ellos decidieron destaparse y sacar a pasear todo su cinismo, escudados en la seguridad de que nada de lo que digan tendrá consecuencias.

La señora Ábrego optó por tratar de enarbolar la siempre útil lucha de clases. Donde falló es que el argumento no le salió muy bien, por dar a entender que a ella se le cuestiona por ser “pobre” (si, eso dijo), mientras que no se cuestiona “a los ricos”. Me parece está leyendo un diccionario diferente al que tenemos el resto de los hispanohablantes, porque su definición de “pobreza” no encaja en la que dicen los diccionarios que consulté. A menos que se refiriera a pobreza moral, donde sí puede dar cátedra. La lista que nos han recordado de sus propiedades, empresas, planillas y celebraciones, espero sirva para recordar a sus electores la clase de persona por quien siguen votando.

Otra de las joyas de la semana fue la intervención del diputado crónico de Bocas del Toro. En una intervención aparentemente llena de imprecisiones, reclamó su “derecho” a tener carros, pues ha sido escogido para representar a los habitantes de su circuito. Visto así, lo lógico sería que, si sus votantes quieren que tenga carro para transportarse “dignamente” (atención con el adverbio, que se deriva de “dignidad”), debían ser ellos quienes compren su Land Cruiser. El caso es que micifuz parece referirse a la época aquella donde los diputados podían comprar descaradamente cualquier carro sin impuestos, para luego traspasarlos. Recuerdo hace ya bastante tiempo que La Prensa hizo una investigación donde un diputado de Guna Yala había comprado (y vendido) un carro deportivo, que si lo manejaba en la isla de donde venía, al meter el tercer cambio caía al mar.

Y por último, otro clásico de un diputado por San Miguelito. Honestamente, creo que el problema de este señor es que no da para más. Cada vez que interviene en los medios, en referencia a lo que se les cuestiona, dice cosas que hay que analizar con calma para estar seguros si es una opinión o una confesión de parte. Lo que creo dijo esta semana (su fuerte no son las habilidades de comunicación) fue algo como que la ley permite tener doble salario y que, si la ley lo permite, no hay ningún problema con que se haga. Incluso, dio a entender que, quienes lo cuestionan, se aprovecharían igualmente de la posibilidad de tener varios sueldos. Ya saben, “cada ladrón juzga por su condición”. Sospecho que este individuo es uno de los que mi abuela decía que entienden que “moral es un árbol que da moras”.

Lo que es evidente es que la ética no es una de las preocupaciones de nuestra masa legislativa. Salvo contadísimas excepciones (todos saben de quienes hablo), las cosas que dicen y hacen son para avergonzar a cualquiera. Pero a ellos les es indiferente.

Y mientras el PRD está montándose su pelea de perros para ver quién se apodera del partido, seguramente ya con intenciones de perfilarse para las elecciones del 2024, las cuales, si salen como ellos quieren, deberán permitirles seguir controlando la Asamblea, gracias a la tramposa forma como pretenden mantener los residuos, en contraposición completa al objetivo del método. Pero eso será mejor verlo con calma otra semana.

Mientras tanto, no tengo la menor duda que seguirán burlándose de nosotros, sintiéndose protegidos por el sistema. Y la paciencia de la gente, cada vez es menos. Que después no se quejen…

El autor es cardiólogo


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