No sé qué está pasando en el mundo, pero esto no tiene agarradero. Por donde uno mire, hay algún cabo suelto y no se ven soluciones viables fáciles de implementar. Y esto pasa en Panamá y en todo el resto del planeta, así que no es potestad nuestra solamente vivir en esta zozobra.
El hijo de Putin este que gobierna Rusia (supongo su papá se apellidaba Putin), ha decidido que Ucrania sigue perteneciendo a su país y tomó la decisión unilateral de invadirlo para anexárselo. Arguye una serie de argumentos completamente descabellados, pero que le sirven para violar el derecho internacional de forma flagrante. Entre sus excusas dijo que su objetivo era “proteger a la población ucraniana” (con amigos así no se requieren enemigos). El caso es que el mundo entero está con la boca abierta ante el descaro con el que este tipo ha decidido tomarse un país, al mejor estilo de lo que pasó con Polonia o Checoslovaquia en 1939.
Pero, a diferencia de lo que pasó hace 82 años, los ciudadanos rusos no parecen estar muy contentos con lo que está haciendo el hijo de los Putin. Y Occidente, implementando sanciones económicas al susodicho y a su entorno. Veremos qué pasa. Como sea, la situación se muestra bastante inestable por un buen rato.
Y mientras en el mundo hay un guacho ideológico que no se entiende. Los ñángaras de siempre, Maduro, Ortega y hasta nuestros Fidelitos criollos, defienden las acciones de Putin, con el objetivo de llevarle la contraria a Estados Unidos. La ultraderecha recalcitrante, comenzando por el impresentable Donald Trump, ha calificado al Hitlercito ruso como “un genio” y hasta sugirieron que Estados Unidos haga lo mismo en la frontera mexicana… El pobre Ronald Reagan debe estar revolviéndose en la tumba, viendo que su partido republicano ahora comparte opinión con los dictadores comunistas latinoamericanos.
Y en nuestro panamicromundo, las cosas tampoco hay quien las entienda. Mientras se sigue vacunando contra la Covid-19, los desajustados de moda siguen sin encontrar el tornillo perdido. Han presentado una denuncia acusando a los médicos que apoyan la vacunación basada en datos científicos, por “delitos de lesa humanidad” y “genocidio” (sí, leyeron bien, no es un error). O sea, que los que llevan (o mejor dicho, llevamos) dos años sugiriendo medidas para controlar la pandemia, hacemos ver a Pol Pot y a Idi Amín como un par de hermanitas de la caridad. En fin, ni para comentarlo.
La Asamblea (¡ay, la Asamblea!) aprobó, por razones desconocidas, un proyecto de ley que busca reelegir de nuevo a la rectora de la Unachi. Da la impresión que la señora tiene instintos autoritarios y ha llegado a la conclusión que sin ella, la altiva provincia se verá sumida en la ignorancia para siempre. Así mismo, nuestros diputarados han decidido aprobar (en primer debate por ahora) el “Día de Roberto Mano de Piedra Durán”. Debo aclarar que en lo boxístico, he admirado y gritado como loco con las peleas de nuestro ídolo deportivo. Creo que es un tipo carismático, uno de nuestros íconos más representativos. Pero eso no me parece que justifique que se ponga un día del año para celebrar sus méritos y para crear una condecoración con su nombre cuando hay otras tantas cosas importantes sobre las cuales legislar. Pero, como decían los romanos, “Panem et circenses”…
Otra noticia de la semana fue que para el inicio del año escolar (finalmente), hay 600 escuelas que aún no están reparadas. Pues debe ser que no les ha dado tiempo con los dos años que las han tenido cerradas y sin que los niños asistan a clases, mientras seguían pagándoles a los docentes. Panamá es uno de los países del mundo donde más tiempo han estado las escuelas cerradas por la pandemia y ni siquiera pudieron usar el tiempo para reparar las infraestructuras escolares. De veras que debía tener que meterse a alguien preso por esto. Pero posiblemente son tantos los responsables que no habría donde albergarlos a todos.
Pero la noticia más terrible de la semana (a menos a mi modo de ver) es el hecho de que se ha registrado la primera niña de ocho años embarazada. Conforme se conocieron los detalles del caso, parece que el embarazo es producto de una violación en su entorno familiar. Lo más terrible es que la niña/madre está en un albergue y su embarazo se dejó progresar hasta la semana 25, dejándola fuera de la ventana para interrumpir el embarazo. Como era de esperarse, los fanáticos “pro-vida” han decidido acabar con la vida de esa niña, obligándola a tener un hijo que seguramente seguirá el mismo camino que siguió ella. Sumida en un sistema donde no se les da educación sexual por una serie de atavismos religiosos. Y no descartemos que, en el proceso del nacimiento, puedan complicarse y morir tanto la niña/madre como el o la bebé. Pero no se preocupen, considerarán que “han salvado una vida inocente”. Todo esto al margen de que esta gentuza maneja el concepto de patria potestad de forma muy antojadiza. Para enseñarle a una adolescente cómo usar un condón, lo tienen que autorizar los padres, pero para hacerle un aborto por una violación, la madre no tiene derecho a opinar y es la niña quien decide.
Como ven, el título de hoy encaja perfectamente en la situación: todo mal…
El autor es cardiólogo
