Torrijos y su “dictablanda” gobernó 13 años sin oposición ni prensa libre. El presidente Cortizo se declara su seguidor. Igualmente, más práctico e intuitivo que teórico, una pandemia lo examina apenas debutando. Apura una seguidilla de decisiones temerarias que prueban qué tanto su mecha aguanta antes de explotar en pánico.
Ganar la batalla canalera nacionalista exigió a Torrijos revolucionar las reglas de una democracia oligárquica. Intenta integrar interior-capital. Sin sectarismos, incorpora a excluidos campesinos y obreros, como a una combativa intelectualidad otrora tirapiedras. También, un sector pro empresa y hasta la propia oligarquía desplazada, estimulando el pensamiento divergente.
Una modestia acendrada blinda a Torrijos del enceguecedor “complejo del vencedor imbatible”. Observo un peligroso animus de víctima incomprendida tomar cuerpo en nuestro Presidente. Descalifica la crítica achacándole tremebundas “motivaciones y agendas oscuras”. Una paranoia golpista le instiga inhibir el pensamiento alterno.
Recuperar soberanía total significó a un dictador pensar en la próxima generación. El equipo Cortizo exhibe escases de talento visualizador de amenazas. Ensaya al superhéroe autoritario que parecía exacto a la metáfora guerrera Covid. Nadie previno a nuestro Supermán de mecha corta, un rechazo al autoritarismo gritón debilitaría en breve, cual kriptonita, su enorme credibilidad.
Sin Frenadeso o Suntracs, Omar pudo concentrase en gobernar. La crisis del despido intempestivo de Turner y equipo desnudó la impericia en el cálculo de las consecuencias. Distrajo al Presidente en recomponer liderazgo y sucesión política.
Díganme lo malo- entregaba coherencia al estilo Torrijos. Sin la humildad para aceptar la crítica desactivando antes al “vencedor”, no alcanzábamos la soberanía total.
Solo un acriticismo empobrecedor del análisis presidencial nos explica aquella espiral errática. Retira uno, luego otro y otro contrato millonario pre-aprobado por el Consejo Económico. Avanza-retrocede, aparece-desaparece, gobierna-politiquea, despide a una líder convincente-sostiene allegados desgastados. Ensaya unidad sin convencer al sector obrero más combativo que denuncia “reforma al Código torrijista” y como el pueblo carga la crisis.
Una sensación de gobierno sin rumbo corta el ambiente.
El autor es investigador y formador político