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Salud mental

Trabajando juntos para prevenir el suicidio

El suicidio se encuentra entre las 20 causas principales de muerte a nivel mundial en personas de todas las edades. Ocasiona más de 800 mil muertes al año: una cada 40 segundos, con un monto superior al de las víctimas de guerra o catástrofes naturales. A esto cabe agregar 25 veces más intentos e incontables casos de personas que, al menos, lo piensan.

El impacto negativo del suicidio es amplio: se estima que unas 135 personas se ven profundamente afectadas por cada muerte. Pese a esto, la palabra “suicidio” sigue siendo fuerte de escuchar para muchos y un tema sobre el cual es mejor no hablar.

Ante esta situación, cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, con el auspicio de la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio y la Organización Mundial de la Salud. Este año, con el lema “ Trabajando juntos para prevenir el suicidio”, se exhorta a todos los miembros de la sociedad a reconocerse como figuras claves en la prevención de este mal.

El suicidio resulta de la convergencia de factores de riesgo biológicos, psicosociales, culturales, etc., sobre los cuales suelen incidir experiencias traumáticas (acoso y violencia de todo tipo) y pérdidas diversas (relacionales, materiales, de la salud). Así, la pandemia de la enfermedad por SARS-CoV-2 ha favorecido la concurrencia de estos factores con malestares como miedo, estrés sostenido, incertidumbre y trastornos del sueño, y la aparición de nuevos casos o de descompensación de condiciones de salud mental preexistentes.

Todo esto demanda obtener y aplicar nuevos datos a la prevención del suicidio mediante la investigación científica. Aun cuando la particularidad de cada caso hace complejo su abordaje, lo importante es saber que el suicidio se puede prevenir mediante medidas que hayan demostrado eficacia en todos los niveles. Como miembros de esta sociedad, podemos hacer la diferencia informándonos a través de fuentes idóneas sobre los factores de riesgo y protección; las señales de alarma; creando conciencia sobre el problema; mostrando respeto, compasión y cuidado por las personas en riesgo, y poniendo límites a la proliferación del estigma.

La autora es médico psiquiatra con posgrados en Psicooncología, Autismo y Trastornos del Neurodesarrollo Infanto-Juvenil. Es miembro de Ciencia en Panamá


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